Haizea Salvatierra en el Campeonato de España sub16

Llegaba el día tan esperado desde hace tiempo, y salíamos para Salobreña para que Haizea jugara el campeonato de España. El viaje fue un poco largo y una vez allí se juntaron todos esos amigos y amigas que no se habían visto desde hace ya bastante tiempo, abrazos, besos, risas y algunas lágrimas de emoción y nervios.

El lunes comenzaba el torneo. La primera partida la enfrentaba contra el número 4 del ranking, con un Elo de 2235. La partida duró, con gran igualdad, durante más de 3 horas y media. Finalmente Haizea sucumbió, pero luego llegaron tres tablas seguidas: la carpintería se ponía en marcha para continuar con dos victorias, una de ellas contra un 1960.

Llegaba el viernes y le tocaba jugar con un balear, Joan Ponseti que venía de hacer tablas en la ronda 2 con el actual campeón, Pedro Antonio Gines (MI 2404), así que la partida se preveía bastante dura. Y así fue, como un tío vivo Haizea comenzaba sacrificando un alfil en las primeras jugadas. El módulo estaba a punto de volverse loco con tantos altibajos para después de 3 horas y poco, llegar a una posición algo favorable para Haizea pero con posibilidades de tablas por repetición de movimiento (que tampoco eran malas, ¡pero la de Burlada quiso ganar!). Haizea decide combatir y seguir la pelea, la partida continúa, pero el módulo se vuelve sereno y se equilibra, igualdad total, el tiempo también juega su papel así como el cansancio, y después de algunas jugadas Ponseti prácticamente acorralado le tiende una trampa con una combinación de torre en la que Haizea cae llevándose el punto el balear. La rabia e impotencia se apodera de Haizea durante un rato, después habla con José Ángel Guerra -su entrenador desde hace varios años- para la preparación de la tarde y sobre lo acontecido a la mañana, como no podía ser de otra manera le apoya y ve lo bueno y positivo de la actitud guerrera y combativa con la que ha jugado pudiéndose haber conformado con las tablas. Eso le hace cargar pilas y poder entablar nuevamente con un 1910. Llega la última partida en la que pierde cuando también podía haberla ganado, pero una pequeña imprecisión provoca que el punto vaya para el otro lado.

Finalmente 4 puntos y una gran experiencia adquirida. Ella se va con la sensación de un buen torneo, todos los amigos y amigas con ropa a la piscina para celebrarlo, como es la tradición desde hace unos años, y después las rápidas para relajar tensiones en las que consigue otros cuatro puntos de los nueve posibles. Y llega el momento más duro y difícil, la despedida, otra vez más esos ojos se vuelven llorosos y comienzan un desfile de abrazos, risas y lloros… Después, unas cuantas horas de viaje de regreso y volvemos a la vieja Iruña.

Mikel Salvatierra

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