Los hermanos Esparza desembarcan en terras galegas

La localidad gallega de Mondariz, además de un escenario famoso por su balneario -un lugar ideas para el descanso-, es también la sede que la prestigiosa Escuela Marcote ha elegido para el desarrollo de sus actividades, torneos, cursos…

En esta ocasión, la séptima edición del Open Internacional Hotel Cemar fue el lugar escogido por nuestros compañeros Aitor y Angel Esparza para disfrutar de las vacaciones. La naturaleza gallega, su incomparable gastronomía, sus pueblos y sus gentes… y el ajedrez. Todo suma en pro de la ecuación perfecta.

Pese a que nuestros dos jóvenes canteranos llegaban al torneo con unos rankings verdaderamente alejados del juego real que vienen desplegando, demostrarlo sobre los tableros no siempre es sencillo. Pero se cumplieron los pronósticos y el talento de los alumnos de la Escuela de Burlada se rubricó enormemente, pudiendo incluso obtener mejores resultados.

Aitor Esparza es un jugador sub14 que está temporada ha terminado por explotar su potencial. Comenzó el campeonato con el ranking 88 y finalizó mejorándolo nueve puestos en el 79,  lo que le hizo +97 puntos de Elo. Un suma y sigue para él torneo tras torneo. El único pero que tuvo fue el amargo sabor que le dejó la derrota de la última ronda, en la que atacó y dominó sin finalmente obtener premio.

Por su parte Angel Esparza, el pequeño de los dos (es sub12) ya sabe lo que es ser campeón de Navarra y medirse con rivales en escenarios llenos de tensión, como el Campeonato de España 2020. Veintidós puestos de ranking subió el benjamín de la familia, del 95 al 73 para sumar +91 puntos de Elo. Fue de menos a más, sumando en confianza en sí mismo.

En definitiva, una buena experiencia la vivida en terras galegas, puesto que además del Open, los chavales participaron en múltiples torneos de rápidas, cursos matutinos, excursiones… Una gozada…

Más información sobre el desarrollo del torneo pinchando en este enlace.

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Pequeños grandes maestros I. Gorka González Alonso (2009).

Pequeños grandes maestros es una nueva sección en la que todos nuestros jóvenes jugadores de la Escuela Municipal de Ajedrez de Burlada que lleva el Club Mikel Gurea van a responder a un breve cuestionario sobre el ajedrez, una pequeña entrevista a nuestras bases, el futuro de nuestro club y también del ajedrez navarro.

Comenzamos con Gorka González Alonso, de 2009.

1. ¿Por qué elegiste el ajedrez como deporte? ¿Prácticas alguno más? Me gustaba porque a mi padre le veía jugar partidas y me llamó la atención. Luego me empezó a enseñar y vi que me gustaba y me divertía jugar, aunque al principio siempre perdía. Lo compagino con el fútbol, que también lo llevó jugando desde pequeño. Aunque no lo parezca son dos deportes complementarios.
2. ¿Qué es lo que más te gusta del ajedrez? Lo que más me gusta es jugar torneos y seguir aprendiendo en cada clase cosas nuevas. Me encantan los vídeos de YouTube.
3. ¿Cómo recuerdas tu primera clase de ajedrez? Estaba nervioso porque era la primera vez que iba a una clase de este tipo.
4. ¿Y cómo fue tu primer torneo? ¿Qué tal te lo pasaste? El primer torneo fue en Ansoain y me lo pasé genial. No sabía jugar bien todavía y perdí todas,  pero no me importó porque me divertí un montón.
5. ¿Qué partida o torneo recuerdas con más cariño? ¿Por qué? El que guardo con más cariño fue el torneo en el que me clasifiqué para jugar las Finales de los Juegos deportivos de Navarra. Y mi mejor partida fue en esa Final, la que jugué contra Luca Salas, que me salió muy bien. Le gané y me felicitó. Un gran rival.
6. ¿Cuál fue la partida más dura o complicada que recuerdas? La partida más dura que recuerdo fue contra Pedro Forján, monitor del club, en un torneo de chess.com
7. ¿Qué es lo que mejor se te da en el ajedrez? Disfruto con las partidas abiertas, en las que se empieza con peón de rey. Y cada día juego mejor los finales.
8. ¿Cuántas medallas y trofeos has ganado con el ajedrez? No muchas, pero satisfactorias todas.
9. ¿Qué objetivo deportivo te has marcado para este año? ¿Qué te gustaría conseguir? Voy a esforzarme para clasificarme de nuevo para la Final de los Juegos Deportivos de Navarra y conseguir Elo.
10. ¿Qué le dirías a otro niño para que se apuntara a clases de ajedrez? Que se aprende mucho y es muy divertido.

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Bases Generales del I Open sub2200 de Burlada

Bases generales del I OPEN DE BURLADA

XXX ANIVERSARIO DEL CLUB MIKEL GUREA

Calendario:

El torneo se celebrará los días 1, 2 y 3 de octubre de 2021, con la siguiente agenda:

Día 1 de octubre, viernes

-Acreditación 16:00 horas.

-Ronda 1ª 16:30 horas.

-Ronda 2ª 19:30horas (o 15 minutos después de la ronda anterior)

Día 2 de octubre, sábado

Ronda 3ª 9:00 horas.

Ronda 4ª 12:00 horas (o 15 minutos después de la ronda anterior)

Ronda 5ª 17:00 horas.

Día 3 de octubre, domingo

Ronda 6ª 9:00 horas.

Ronda 7ª 12:00 horas (o 15 minutos después de la ronda anterior)

Entrega de premios al terminar la última ronda.

Inscripciones: Será de 25 € adultos y 15 € para menores de 16 años (nacidos en 2005 o menores) y deberá ser abonada antes de empezar la segunda ronda. Para los adultos de los clubes Mikel Gurea y Mikel Deuna será de 15 € y los menores de 16 años de 12 €. Se realizará a través del formulario online de la web www.mikelgures.com indicando Nombre y Apellidos, Fecha de Nacimiento, código Fide y Club de procedencia. El abono en la cuenta de Caja Laboral ES48 3035 0087 020870033212. Se puede solicitar más información en mikelgurea@gmail.com

Las inscripciones deben realizarse antes del 27 de septiembre a las 12 horas. Los inscritos fuera de plazo comenzarán el torneo en la ronda 2ª. Plazas limitadas.

Para más información sobre este punto contactar con el Director de Torneo, Mikel Razkin Fraile en el teléfono 699 559 604. El árbitro principal será Miguel Angel Almansa Martín (IA).

Lugar de juego: El torneo se celebrará en la Casa de Cultura de Burlada, Ronda de las Ventas, 1. CP: 31600 Burlada (Navarra).

Ritmo: Las partidas serán jugadas a ajedrez estándar, con un ritmo de 60 minutos por jugador más un incremento de 30 segundos por movimiento. Habrá un tiempo de espera de 30 minutos tras los cuales, se perderá la partida. El torneo se disputará por Sistema Suizo con apoyo informático.

Serán valederas para ELO FIDE y FEDA. Por lo tanto para poder participar se deberá de estar federado con la licencia en vigor.

En el torneo solo podrán participar jugadores de menos de 2200 ELO FIDE. El ranking inicial se regirá por la lista de ELO FIDE a 1 de octubre de 2021.

Se podrán pedir durante el torneo todos los descansos que se quieran, pero sólo dos “byes” serán bonificados con 0,5 puntos (de la 1ª a la 5ª ronda). Los descansos en las rondas 6ª y 7ª serán de 0 puntos. Los descansos deben ser notificados antes de que acabe la ronda en juego. Para pedir descanso en la primera ronda es necesario comunicarlo al árbitro o la organización antes del 30 de septiembre a las 12 horas. La no comparecencia a una ronda supondrá la eliminación del torneo.

Desempates: A efectos de la clasificación final se aplicarán los siguientes desempates. 1º Número de partidas disputadas (las ganadas por incomparecencia se considerarán jugadas), 2º Resultado Particular y después con un sorteo previo para determinar su orden, los siguientes : Buchholz total, Buchholz medio y mayor número de victorias. Si persistiera el empate se utilizaría el ELO medio de los oponentes como último desempate. En el caso de los sistemas Buchholz, a las partidas no jugadas se les aplicará el ajuste FIDE de oponente virtual.

Comité de Competición: Estará integrado por cuatro participantes elegidos por los jugadores durante la primera ronda, de los cuales dos actuarán como suplentes, para aquellos conflictos en los que se pudieran ver implicados algunos de los titulares. Aparte de los mencionados el Director de Torneo o persona en la que él delegue actuará de Presidente del Comité. Las reclamaciones ante este comité de Competición deberán presentarse hasta 30 minutos después de terminada la ronda. Las decisiones de este Comité serán firmes a todos los efectos.

Disposiciones finales: Este torneo se regirá teniendo en cuenta los protocolos sanitarios anticovid vigentes. El uso de la mascarilla es obligatorio, así como la limpieza de manos con gel hidro-alcóholico cada vez que se entre en la sala de juego.

No se permitirán análisis en la sala de juego.

De acuerdo con la normativa vigente cualquier jugador en juego con un dispositivo electrónico pierde automáticamente la partida.

Los participantes del torneo, o sus tutores legales en caso de menores de edad, autorizan la publicación de sus datos personales e imagen en los diferentes medios que la Organización considere oportunos para la necesaria difusión del evento (listados de resultados, clasificaciones, emparejamientos, retransmisión de sus partidas, fotografías y vídeos del torneo, etc.)

Este torneo se regirá por las presentes bases, las Leyes de Ajedrez de la FIDE y resto de la normativa vigente (interpretaciones y suplementos incluidos), a las cuales quedan sujetos todos los participantes durante el desarrollo del torneo. La participación en el torneo supone la aceptación de estas Bases.

La Organización se reserva el derecho de admisión y de realizar modificaciones a estas Bases, que en cualquier caso serán reflejadas en las mismas.

Premios: Se repartirán 1300 euros además de material de ajedrez y otros premios, distribuyéndose de la siguiente forma.

ELO entre 2199 y 1900 (o menos): 1º 300 €. 2º 175 €. 3º 150 €.

ELO entre 1899 y 1500 (o menos): 1º 150 €. 2º 75 €.

ELO entre 1499 y 1200 (o menos): 1º 100 €. 2º 50 €.

ELO entre 1199 y 0: 1º 50€.

El vencedor se llevará una txapela.

Mejor veterano (nacidos en 1956 o anteriores): 50 €.

Mejor juvenil (nacidos en 2003 o posteriores): 50 €.

Mejor fémina: 50 €.

Mejor jugador de Mikel Gurea: 50 €. 

Mejor jugador de Mikel Deuna: 50 €.

Mejores alumnos de la Escuela de Burlada (nacidos en 2009 o menores) de las categorías sub12, sub10 y sub8: 1º Trofeo y libro de ajedrez. 2º libro de ajedrez.

Los premios no son acumulables. En caso de optar a dos premios, se entregará el de mayor valor (si fuera el mismo, obtendría el de la franja superior). Los premios estarán sujetos a las retenciones que dictamine Hacienda y será imprescindible presentar el DNI. Para obtener el premio es imprescindible acudir a la entrega de premios. 

Organiza: Club de Ajedrez Mikel Gurea X.K.

Colaboran: Ayuntamiento de Burlada, Patronato de Cultura de Burlada, Patronato de Deportes de Burlada, M2 Fontanería y Climatización, Óptica Burlada, Regalos Gil, Bar Goxoki, Bar Ibaialde, Moda Verena, Óptica Egüés, Hotel Villava, No Brain No Future, Cafetería Las Eras, Club de Ajedrez Mikel Deuna…

 

Alojamiento recomendado por la organización:

Hotel Villava. Si quieres reservar habitación, hazlo aquí. Introduce el código AJEDREZ21 y conseguirás un descuento. Más información aquí. Pulsa aquí para la localización. El hotel se encuentra a 5′ en coche y a 15′ andando de la sala de juego.

 

A continuación, las bases en Pdf para descargar:

Bases I Open sub2200 de Burlada XXX aniversario Mikel Gurea

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¿Unas rápidas en Marcilla?

Marcilla y su castillo fueron el escenario de un torneo de ajedrez de partidas Rápidas que pudo haberse llamada también «Duelo al sol», por la ingente cantidad de pistoleros ajedrecísticos y lo que pegaba el lorenzo.

Con Matxete al frente, nada puede salir mal…

Algo más de 80 aficionados se reunieron para jugar una mañana y quitarse el gusanillo después de que todo esto de la pandemia nos haya restado múltiples posibilidades de ir de aquí para allá tocando madera. Al final, el título se lo llevó el máximo favorito, el catalán Jordi Estrella con 6,5/7 puntos.

Los de Burlada acudieron a la cita con una nutrida expedición, pertrechados de crema unos y de lúpulo otros. Al que mejor se le dieron las cosas fue a Iñigo Ayúcar, que alcanzó el tercer peldaño del podium con 6/7 en una gran actuación. A nadie sorprende su nivel en este tipo de ritmos.

La nutrida expedición «casi al completo», con el castillo de Marcilla Al fondo

Un poco más atrás le siguió Camilo Lotero con 5/7 (puesto 9) y ya todo el pelotón de compañeros que se acercaron hasta allí: Iker Fernández 4/7 (31), Aitor Saldías 4/7 (35), Daniel Merino 4/7 (37), Jon Goñi 3,5/7 (41), Javier Aldea 3/7 (52), Daniel Aguinaga 3/7 (54), Iñigo Ostiz 2,5/7 (64) en su debut en torneos y Jon Merino 2/7 (69), el más joven de la expedición.

En definitiva, una buena jornada, divertida, en compañía de los amigos… y para repetir. Aquí o en cualquier otro lado. Buen detalle el del bocata y el refresco, por cierto.

Toda la información del torneo la encontrarás aquí.

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I Open de Ajedrez sub2200 de Burlada – Del 1 al 3 de octubre de 2021

El Club Mikel Gurea de Burlada cumple treinta años y el primer evento que va a organizar para celebrarlo es un Open de Ajedrez sub2200 los días 1, 2 3 de octubre, de viernes a domingo.

Un total de 7 rondas con partidas de 60’+30″ valederas para Elo Fide y Feda que se celebrará en la Casa de Cultura de Burlada. El montante de premios en metálico asciende a 1.300 euros.

Lista de inscritos en Info64 pinchando aquí.

Puedes descargar las bases aquí:

Bases I Open sub2200 de Burlada XXX aniversario Mikel Gurea

Cómo insctibirse: LÍMITE DE INSCRITOS ALCANZADO. 102 jugadores/as. En unos días, si no es posible, volveremos a abrir las inscripciones para llegar (si nos es posible) a la cifra de 134. Muchas gracias por participar.

Alojamiento recomendado por la organización:

Hotel Villava. Si quieres reservar habitación, hazlo aquí. Introduce el código AJEDREZ21 y conseguirás un descuento. Más información aquí. Pulsa aquí para la localización. El hotel se encuentra a 5′ en coche y a 15′ andando de la sala de juego.

Inscripciones: Será de 25 € adultos y 15 € para menores de 16 años (nacidos en 2005 o menores) y deberá ser abonada como muy tarde antes de empezar la segunda ronda. Para los adultos de los clubes Mikel Gurea y Mikel Deuna será de 15 € y los menores de 16 años de 12 €. Se realizará a través de este formulario. El abono en la cuenta de Caja Laboral ES48 3035 0087 020870033212. Las inscripciones deben realizarse antes del 27 de septiembre a las 12 horas. Los inscritos fuera de plazo comenzarán el torneo en la ronda 2ª. Plazas limitadas.

Las partidas serán el viernes 1 de octubre a las 16.30 y las 19.30, el sábado 2 a las 9.00, 12.00 y 17.00 y finalmente el domingo 3 a las 9.00 y 12.00 horas.

Si deseas más información, ponte en contacto con mikelgurea@gmail.com.

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Salobreña, Campeonatos de España de sub8 hasta sub18

La costera localidad granadina de Salobreña acogió este año, como viene siendo habitual, una nueva edición de los campeonatos de España individuales por edades. Desde la Escuela de Ajedrez Mikel Gurea de Burlada llevamos al evento un nutrido grupo de niños, niñas, padres, madres, monitores y acompañantes de los más pequeños para poner la guinda al pastel ajedrecístico de la temporada 2020/2021.

Sub8

Los campeones de Navarra de la categoría, June Arrastia y Jon Merino, acudieron junto con sus monitores, Oier Irujo y Mikel Razkin para tratar de demostrar que todo lo bien que habían trabajado durante el curso aún podía dar algún nuevo fruto. Y así fue…

Jon realizó un torneo majestuoso, usando bien el tiempo y cometiendo poquísimos errores. Un auténtico lujo poder haber seguido su juego por las partidas de retransmisión. Sólo una pequeña falta de fortuna, con una partida con ventaja e iniciativa constante, le privó del podium en el torneo. Pero un puesto 12, con 5,5/8, es algo memorable. Por su parte June, con sus 4/8 y 35 de la general se alzó con el tercer puesto de la clasificación femenina, subiendo al podium con la mejores. Esta era su primera gran cita con un torneo de este estilo y en cierta forma los nervios le jugaron una mala pasada, pero se recompuso y enderezó el rumbo como la campeona que es. Más información aquí.

Sub10

La marea naranja tomó nuevamente Salobreña en esta categoría. Nada menos que seis jugadores: Ander Arrastia, Aitor Bravo, Víctor Diéguez, Alex Echeverría, Ariane Echeverría y Jon Goñi se apuntaron al desembarco junto con Mikel Razkin como monitor.

Jon -campeón navarro-, como el año pasado, comenzó poco a poco a aclimatarse a la zona y al evento y acabó como un tiro. Un par de rondas más y tendríamos un campeón. Acabó imparable con 6,5/9 en el puesto 13 de la general, tercero de España en la clasificación sub9 y aparece en la lista Fide con 1302 puntos. Extraordinario también el desempeño de Ander en el torneo, que ha madurado mucho su juego y ha aprendido a trabajar posiciones que antes se le escapaban. Puesto 23 para él con 6/9 y Elo de 1205 (y 1175 de Rápidas).

Víctor empezó desplegando un juego muy tenaz y sólo pequeños detalles no le empujaron a estar más arriba. La pena es que el esfuerzo demostrado no alcanza para lo conseguido. Sin embargo, pese a todo logró 4,5/9 y el puesto 68, lo que le hace merecedor de 1022 Elo (1144 de Rápidas). Aitor era novato en estas lides y el puesto 94 con 3,5/9 da muestras de que potencial tiene y que cada día va a mejorar si suma experiencias como éstas. Una gozada poder contar con el de Elorrio.

Por su parte, los hermanos Ariane y Alex, que tan sólo llevan un año acudiendo a clases, aceptaban el reto de participar en este torneo a nivel nacional. Alex acabó con 3,5/9 en el puesto 105 y Ariane casi detrás, en el 107 con 3/9. Ariane estuvo jugando a un muy buen nivel y a punto estuvo de lograr Elo. Y de Alex qué decir… tres victorias y unas tablas con 5 años en un torneo sub10. Ya está todo dicho.

Más información aquí.

En cuanto al torneo de rápidas, a Aitor, Ander y Víctor se les unió June pese a ser sub8. Todos anduvieron por encima de sus rankings de inicio y lo hicieron fenomenal. Ander 45,/9 (56), Víctor 4/9 (73), Aitor 4/9 (79), June 3,5/9 (91). Más información aquí.

Sub16

Tres fueron nuestros representantes en la competición. Por un lado Adrián Oroz, que llegaba con el entorchado de campeón navarro a Salobreña, Manex Reguillaga e Iñigo Ayúcar. El torneo de Adrián fue muy completo y estuvo en todo momento en las mesas altas de la competición, en la retransmisión, pero ese esfuerzo le pasó factura y el cansancio hizo mella en su clasificación final. Puesto 68 para él con 5/9 y una subida de 68 puntos Elo.

Por otro lado, Manex acabó también con 5/9 (puesto 85), aunque con un desempate algo peor. El de Elorrio notó estar falto de ritmo después de casi año y medio sin tocar físicamente un tablero… aunque quién lo diría… Por su parte Iñigo hizo exactamente lo contrario, ya que pareció encontrarle tarde el punto al torneo y finalizó cuando mejor se encontraba. En la tabla logró quedarse el 137 con una subida de 31 puntos Elo. Más información aquí.

En el campeonato de rápidas los derroteros fueron por el mismo camino, obteniendo Manex 5/9 (puesto 54), Adrián igualmente 5/9 (puesto 57) e Iñigo 4/9 (puesto 101). El ritmo de 10’+5″ se les hace largo a los nuestros… A bandera y a cinco si puede ser. Más información aquí.

Sub18

Haizea Salvatierra acudía a su última cita con Salobreña como jugadora. En esta ocasión llegó con unas miras muy claras en el torneo: darlo todo en las partidas y disfrutar de la compañía de los buenos amigos y amigas que ha ido cosechando durante tantos años. Al final, puesto 133 con 4/9… y un porrón de tablas en su haber. Más información aquí. En el torneo de rápidas su desempeño fue de 3,5/9 y puesto 116. Más información aquí.

Pero no sólo de pan vive el hombre… y como todas las temporadas, además de ajedrez, las salidas a pescar y bucear, las excursiones por los pueblos de la zona y demás hicieron de este campeonato una nueva cita para recordar y repetir.

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¡Cómo disfrutamos en los Campamentos Urbanos 2021!

La XV edición de los campamentos urbanos del club Mikel Gurea de Burlada llegó a su fin con un rotundo éxito de participación. De hecho, en la primera tanda se cubrió el cupo máximo determinado por las medidas protocolarios antivovid.

Como todos los años, club y piscina se dieron la mano para convertir las jornadas matutinas y vespertinas en un espacio de juegos, divertimento y aprendizaje. Cada día los niños y niñas acudían a la clase por la mañana y ya por la tarde nos desplazábamos a las piscinas a comer y darnos unos cuantos chapuzones, lanzarnos por los toboganes de agua y hacer piruetas en las zonas de esparcimiento acuático.

En lo que respecta a los resultados de los campamentos, todos ellos estuvieron muy igualados y los niños y niñas compitieron en busca de más y más puntos con los que ver recompensado su esfuerzo y buen hacer.

En el primer campamento la victoria fue para Aitor Legasa, que tuvo que desempatar con Angel Esparza en un trepidante match que se decidió en el Armaguedón (blancas 6′ y negras 5′ pero le valen las tablas para ganar). En tercer lugar acabó Imanol Migueltorena, que adelantó en el último suspiro a Aitor Esparza, que fue el campeón del torneo de rápidas.

En la segunda tanda el vencedor fue Ekaitz Mayordomo, que también tuvo que vérselas en el desempate por el título, pero esta vez contra Pedro Ursúa. El bronce recayó en Aitor Legasa pese a vencer en el campeonato.

Nos lo pasamos todos genial y volveremos a repetir el año que viene. A ver si ya es sin restricciones. Crucemos los dedos.

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Campeones de Euskadi de Rápidas por Equipos

El pasado 29 de mayo la villa guipuzcoana de Bergara volvió a acoger una nueva edición del Campeonato de Euskadi de partidas Rápidas, que en esta ocasión se disputó a un ritmo de 15 minutos por jugador. El equipo de Burlada acudió como todos los años puntual a la cita para medirse a los mejores equipos en una de las modalidades que más nos atraen.

En esta ocasión los cuatro componentes del equipo de Burlada fueron Camilo Lotero, Adrián Oroz, Manuel Muro y Aitor Esparza. El conjunto era una mezcla de veteranía y juventud y al cargo de los órdenes de fuerza y ejerciendo de delegado estuvo Juantxo Esparza, que se estrenaba en el cargo.

Seis equipos fueron los que se reunieron en esta edición: dos guipuzcoanos (Gros y Marlaxka), dos alaveses (Martintxo y San Viator), un vizcaíno (Abadiño) y un navarro (Mikel Gurea). Los nombres de los conjuntos hablan por sí solos del nivel de la competición…

Finalmente, los de Burlada -que demostraron mucha templanza y seguridad pese a que tres de ellos venían de disputar ronda matinal en el Campeonato Navarro Absoluto Individual- se llevaron el gato al agua sin ceder un solo encuentro y realizando actuaciones verdaderamente apasionantes. Así, Adrián Oroz (mesa 2) demostró una madurez insólita para ser un jugador sub15 y vencer a rivales con una experiencia dilatadísima en estas lides.

Manuel Muro (mesa 3) no pudo debutar con el equipo de mejor forma y dejó claro que el que tuvo retuvo, y el nivel y mimbres demostró de niño no las ha perdido. Por su parte Aitor Esparza (mesa 4) va dando pasos de gigante para convertirse en un grandísimo jugador -es sub13- dejando claro que cuando está con confianza es difícil pararle.

Y para finalizar, mención aparte para la actuación de Camilo Lotero (mesa 1), que no sólo se llevó por delante a dos MF, sino que hizo una performance de nada menos que 2957, algo que está al alcance de muy poca gente. Espectacular…

Lo dicho, que salimos de Bergara siendo Campeones de Euskadi por primera vez. Nos acompañaron en el podium San Viator (el favorito viendo la nómina de jugadores que traia) y Abadiño (campeón este año del Circuito Vasco de Rápidas). Algo para recordar y que podéis ver en este enlace:

https://chess-results.com/tnr563100.aspx?lan=2

Puedes leer la crónica en la web de la FNA en este enlace.

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Cómo ser un buen Jaquetón, by Rey Enigma

Sigue los consejos del gran Rey Enigma para convertirte en un gran jugador de ajedrez, respetando las reglas y a los rivales, disfrutando del deporte y aprendiendo cada día un poco más.

Puedes seguirlo en Twitter en su cuenta:

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Ganar o morir no es una lección para niños.

El pasado y el futuro del ajedrez, frente a frente

La primera competición presencial del ajedrez navarro tras año y pico de pandemia ha resultado chocante: del casi centenar de inscritos, la mitad son jugadores sin rating, niños recién federados que disputan sus primeras partidas oficiales. Nuestro Campeonato Navarro Absoluto Individual parece haberse convertido en una prolongación de los Juegos Deportivos Escolares de Navarra que finalizaron hace un mes o dos. Más de un participante habitual en las competiciones federativas se enfada, echa pestes contra Gambito de Dama y decide no concurrir.

Sí, seguramente ha influido que no hace ni nueve meses que se estrenó Gambito de Dama. Pero tanto niño me sorprende menos ahora que cuando hace dos años -uno antes de la pandemia-, decidí retomar el ajedrez después de casi cuatro décadas de ausencia. En los años 80 en Pamplona el ajedrez se jugaba en un marco muy especial: la Sala de Armas de la Ciudadela. No podía darse mejor combinación: un juego milenario que imita a la guerra en un edificio centenario militar. En estos tiempos en los que todo tiene imágenes, las únicas que se conservan de aquellos momentos están en la memoria de los pocos jugadores que aún hoy estamos en activo. Somos lágrimas en la lluvia.

Nunca entonces, en los años 80, conocí a ningún adolescente jugando, ni por supuesto niños de siete u ocho años. Ahora son participantes habituales. Cuando hace dos años retomé el ajedrez, me encontré en mi primer torneo como uno más de entre ellos, como jugador sin rating. Los primeros emparejamientos me situaron frente a niños que sabían mover las piezas con arreglo a las reglas y hasta con cierto sentido, pero que a duras penas rellenaban la planilla con su letra torpe y lenta. No gané a ninguno. Siempre terminaba la partida ofreciendo unas tablas que no se podían rechazar. Un día, antes de empezar el juego, el chaval del tablero de al lado me preguntó por qué en la jornada anterior había dado tablas si tenía una pieza de más. Le contesté a bote pronto algo así como “porque la victoria está sobrevalorada”. A veces los juegos de palabras te atrapan como una combinación fatua sobre el tablero, brillante pero sin sustancia, y te hacen decir nada o, como en este caso, exactamente lo contrario de lo que yo realmente pensaba: que me parecía tan cruel la derrota que no quería que por mi culpa ningún niño tuviera que sufrirla.

Después del torneo me di cuenta de que si das tablas a todos los niños que te ponen delante, los intríngulis del sistema suizo te volverán a emparejar con niños. Un círculo vicioso que sólo se podía romper ganando.

Era inevitable que la primera ronda de este Campeonato post-Gambito de Dama me emparejara con uno de ellos. Resultó ser una niña de siete años de edad. La encontré sentada frente al tablero cuidando de las piezas.

– Hola, ¿tú eres Amaia?

– Síii -me respondió con toda la convicción de la que sabe que no hay nada más cierto bajo el sol que el que ella es ella.

– Pues entonces jugamos juntos, yo soy Felipe.

– Vale -me concedió.

Y me senté frente a ella y empecé a rellenar mi planilla. Tuve una duda acerca de sus apellidos. La interpelé.

– ¿Eres Amaia tal y cual?

Me miró con cara de “qué cosas preguntas, si ya te lo he dicho”, y luego repitió con claridad sus dos apellidos y su nombre. Y apostilló:

– Pero seguramente lo escribirás mal. Amaia es con i pequeña.

– Vale -le asentí-. Ya lo escribo bien: con i latina.

No me dijo nada. Estaba seguro de que haberle cambiado su “i pequeña” por “i latina” no le habría pasado desapercibido en absoluto. Y dentro de poco, con ayuda de alguna otra repetición, Amaia asimilaría de la manera más natural que la “i pequeña” se llama también “i latina”.

Recordé que veinticinco años antes yo había trabajado con alguien de su mismo primer apellido.

– ¿Sabes? -le pregunté-, yo trabajé una vez con una persona que se llamaba como tú de primer apellido. En tal -dije el nombre de la empresa, muy conocida en Pamplona por todos los que comen pan porque prácticamente tiene el monopolio del suministro desde hace cincuenta años-. Quizás era tu… -estuve a punto de decir padre- abuelo.

– Cuando yo nací -presté atención a un hecho tan importante-, mi abuelo había muerto tres años antes.

No seguí inquiriendo. Es natural que para una niña de siete años, la historia de su familia empiece prácticamente con ella. Que supiera situar con exactitud un hecho acaecido tres años antes, seguramente indicaba lo importante que había sido el abuelo en la familia y lo mucho que se le recordaba. Saber dónde trabajaba su abuelo veinte años antes era excesivo.

Su monitor se acercó a la mesa para darle instrucciones acerca de cómo tenía que anotar en la planilla cada uno de los movimientos que fuéramos haciendo, la inicial de la pieza y la casilla de destino. Tengo entendido que en los juegos escolares no se anota la partida porque el ritmo es de 25 o 30 minutos. Así que esta inscripción en masa de chavales en un torneo “de mayores” servía para que practicaran la anotación, además de para que se acostumbren a estar sentados durante horas delante del tablero y de señores que podrían ser sus padres o abuelos.

Cuando el árbitro dijo aquello de “Podéis empezar”, Amaia no me defraudó y puso en marcha el reloj. De todos los gestos rituales de la partida, poner en marcha el reloj es una de las cosas que realizan con más fruición los chavales.

No juego e4, salvo cuando lo hago con niños, que sé que se sienten en territorio conocido respondiendo 1. …e5. Pero Amaia me sorprendió con un precoz 1. …c5. Podría decir que jugamos una Variante Alapin de la Siciliana. Ella movía las piezas con corrección y cierto sentido del desarrollo. No las dejaba descuidadas. Cuando hostigué un caballo suyo con uno de mis peones, lo retiró rauda. Pero cuando amenacé instalar el mío en d6, no supo ver el doblete que seguiría al rey en e8 y al alfil en b7. En términos piagetianos, diría que Amaia estaba empezando a salir del egocentrismo cognitivo. El ajedrez le vendría estupendamente para culminar el proceso.

Me enroqué largo. Me preguntó:

– ¿Cómo se apunta esa jugada que has hecho?

– ¿El enroque? Mira -le alargué la planilla con el dedo señalando la jugada y completé- El enroque corto se apunta con dos círculos y una raya en medio. Yo me he enrocado largo, y eso se apunta con tres círculos y dos rayas.

Al cabo de diez jugadas más yo ya había construido una red de mate alrededor de su rey con dos torres y dos peones, apoyado en un tercer peón suyo, un peón traidor que limitaba por la espalda la movilidad de su rey. Entonces le propuse:

– ¿Quieres que lo dejemos en tablas?

– ¿Por qué? -me preguntó a bote pronto.

No sabía qué responderle. En mi cálculo estaba que si le ganaba, la siguiente ronda me enfrentaría con el primero o el segundo del ranking. Quedarme con medio punto quizás fuera suficiente para eludir a los niños y al mismo tiempo esquivar un emparejamiento que no me atrevía a desafiar. No se lo podía explicar. Así que le dije:

– Mira, si avanzo este peón aquí -señalé el avance a4-, es mate.

– Vale -me contestó sin detenerse apenas a mirar las consecuencias de esa jugada de avance.

Es posible que Amaia no entendiera lo que pasaba en el tablero. De todas las reglas del ajedrez, la que define el mate es la más compleja para un niño que empieza. Y si por un casual había comprendido que perdía la partida porque era mate, o simplemente lo había aceptado porque yo se lo estaba diciendo, más incomprensible le resultaría que yo le ofreciera tablas.

Ella empezó a restituir las piezas a su posición de partida. Ese es otro de los rituales que un adulto puede pasar por alto, pero jamás un niño. Le dije:

– Espera, hay que firmar la planilla.

Me vio hacerlo y me imitó poniendo su nombre en el mismo sitio de su planilla que yo. Me fijé entonces en la cabecera.

– Esto lo has dejado en blanco.

– Es que no sé lo que hay que poner.

– Quieres que te lo rellene?

– Vale.

Y mientras ella ponía piezas, yo le completé la planilla.

Vino el árbitro a recogerlas. Arranqué las copias, y le di la suya a Amaia. La miró extrañada.

– No está igual. Está escrito de otro color.

– Es que es papel autocopiativo.

Y con esta última explicación nos despedimos. Le quedaban seis rondas más para aprender lo que es el papel autocopiativo, cómo se anota el enroque, qué es el jaque mate y la oferta de tablas. No me cabía duda de que aprendería todo eso y muchas cosas más.

En la ronda siguiente, contradiciendo mis cálculos, me volvió a tocar otro niño de la misma edad. Se sentó frente a mí reconcentrado. Su monitor, que era el mismo que el de Amaia, le dio las mismas instrucciones sobre cómo anotar la planilla. No respondió palabra ni gesto alguno.

Su segundo apellido coincidía con el primero de Amaia. Y puesto que eran del mismo club de ajedrez, sospeché que podían ser primos. Era una buena forma de iniciar la conversación con él. No sirvió de nada. No solo no eran primos, o al menos lo negó dos veces con la cabeza, sino que mi pregunta, que le daba pie para hablar de una niña que asistía a las mismas clases de ajedrez que él, no sirvió de abrelatas para su mutismo.

Jugamos. Diez movimientos antes que a Amaia le daba mate con alfil y caballo. Sin oferta de tablas. Tenía que ganar, mi torneo había empezado. Y en ese momento lo vi temblar, estremecerse. Las lágrimas se le escurrían por las mejillas. Me sentí la persona menos indicada para consolarle, ya que era el causante de su desgracia. Vi a su monitor no muy lejos. Le hice un gesto con el brazo y se acercó. Poco le dijo y quizás no lo más oportuno. Le señaló la planilla, completamente en blanco. “Tienes que rellenar la planilla”. Mecánicamente, le alargué la mía deseando que empezara a copiarla y dejara de llorar. El monitor se fue a buscar a su madre, aunque por las medidas covid nadie salvo los jugadores podía estar presente en la sala de juego sin autorización de los árbitros.

El niño seguía perdido. Le dije “¿Quieres que te rellene la planilla?”. Me la alargó en un gesto de asentimiento. Se la rellené a tiempo de que el árbitro la cogiera y de que la madre recogiera al niño. Le di su copia al niño. Añadí algo sobre guardarlas en una carpeta y meter las partidas en el ordenador “para que el ordenador te diga las jugadas que has hecho buenas y las que has hecho malas”. El niño no dijo nada. Su madre me dio las gracias por él y me dijo un “Sí, eso haremos. La guardaremos en una carpeta y en el ordenador”. Salieron agarrados de la mano. Solo jugó una ronda más, con el mismo resultado, y desapareció del torneo en las últimas cuatro.

No era la primera vez que asistía al derrumbe de un niño cuando pierde la partida, aunque no como causante. Un año antes de la pandemia, me paseaba entre los tableros de uno de esos Open que se celebran en verano, en Oviedo. En la última fila jugaba un guaje de apenas diez años. No se lo estaba poniendo fácil hasta ese momento a su rival, un señor de pelo y barba cano, sesenta y tres años, que en repetidas ocasiones le pedía al chaval la planilla para corregir y completar la suya. No es buen síntoma equivocarse anotando. Sin embargo, fue el chaval el que se equivocó sobre el tablero, perdió la dama y comprendió que con ella perdía también la partida. Se echó a llorar. Siguió jugando durante diez o doce movimientos más, anotándolos escrupulosamente, pulsando el reloj metódicamente y llorando sin parar, inconsolable. Y durante esos últimos y agónicos movimientos, profundamente absorto, cogió maquinalmente el batido que desde atrás le alargaba su madre solícita, para devolverlo inmediatamente en cuanto se dio cuenta de lo que tenía en la mano: seguramente hubiera preferido su dama. No era la primera ni la segunda ni la tercera partida que perdía. Pero venía de ganar en la ronda anterior a un chaval cinco años mayor y quizás sus expectativas se habían disparado. De todos los que pugnábamos aquella tarde sobre el tablero, nadie como él, derrotado en aquella jornada, podría haber dado una definición más clara de lo que es la Victoria.

En el hilo argumental de este artículo que está empezando a ser demasiado largo, debería enhebrar aquí anécdotas similares de la infancia de Bobby Fischer o Anatoly Karpov. Enlazaría también con el miedo a perder que ha sobrecogido a tantos jugadores adultos en algún momento de su carrera. Y adornaría el artículo con citas de obras literarias y cinematográficas que han subrayado el carácter obsesivo del juego. Todo ello para concluir algo que muy pocos lectores me discutirán: que ningún juego o deporte puede reclamar con tanta autoridad como el ajedrez el lema de “ganar o morir” de los gladiadores, a pesar de ser el más incruento de los combates, el de menos contacto físico. Una partida de ajedrez involucra toda la energía psíquica de los contendientes y su resultado no se decide por ninguna dimensión física mensurable como el “citius, altius, fortius” olímpico, sino por un pulso mental en el que el vencedor doblega espiritualmente al derrotado. Más allá de cada partida, la excelencia en la práctica del ajedrez, sea al nivel que sea, requiere también de un esfuerzo y dedicación que puede llegar a absorber o desviar las otras facetas de la vida del ajedrecista. Se ha dicho no sin exagerar demasiado que el ajedrez no es un juego, sino una enfermedad.

Podemos despreocuparnos, hasta cierto punto, de cómo sobrelleva el adulto esta enfermedad, esta adicción. En cambio, no podemos pasarla por alto cuando se trata de niños. Les llevamos al ajedrez porque sabemos que va a acelerar su desarrollo cognitivo, primero empujándoles a superar el Rubicón egocentrista de los siete años, después desarrollando su capacidad de cálculo, de manejo mental de símbolos y operaciones, que tanto les va a ayudar en las clases de matemáticas o en la descodificación fluida del nuevo código lingüístico escrito que están aprendiendo. Deberíamos impedir que el ajedrez fuera para algunos de ellos causa de sufrimiento. Ganar o morir no debe ser una lección para niños.

¿Cómo? En primer lugar, poniendo en valor el ajedrez no competitivo. Jugar al ajedrez en el recreo escolar, en una actividad extraescolar o de manera casual, no solemniza el resultado de la misma forma que toda la parafernalia de árbitros, relojes, trofeos, clasificaciones, publicación de resultados, sin perder por ello ninguna de sus virtudes cognitivas.

No obstante es imposible cerrar el paso al ajedrez competitivo, una realidad cultural de nuestra sociedad. La práctica del ajedrez competitivo también tiene facetas positivas, pues inicia a los niños y adolescentes en hábitos de autocontrol, reflexión y toma de decisiones. Pero queda a la responsabilidad de sus profesores y monitores, y por supuesto de sus padres, evitar la deriva extrema. ¿Cómo? Dejadme desarrollar una propuesta.

Hay en el ajedrez adulto actitudes hacia el juego superadoras de su faceta rabiosamente competitiva. Voy a tirar del hilo que se esconde tras una cita de Tartakower: “el vencedor de una partida es el que comete el penúltimo error”. Cualquier veterano asentirá tras muchas derrotas y victorias: no he ganado mis partidas, es mi rival el que las ha perdido, ni es mi rival quien me ha ganado, sino yo el que he perdido. El jugador veterano sabe que, detrás de cada rival al que se enfrenta, subyace otro enfrentamiento de los dos jugadores contra la complejidad del juego. La antiquísima costumbre del análisis post partida entre los dos jugadores, abre un espacio de cooperación con el rival. Los dos, en cierto modo, están colaborando en seguir los pasos que ya se han dado antes en esa otra partida inmortal, eterna, que es el propio juego del ajedrez desde sus orígenes.

Pero la realidad del ajedrez institucional (y la de sus paralelos online) es la de un “lanista” romano ocupado en organizar los mejores “ludi”, los más espectaculares, los más rentables publicitariamente, los que alimentan el fuego competitivo de la multitud. El actual sistema de rating elo en el que participan cientos de miles de jugadores (y que nutre la tesorería de la FIDE), se ha consolidado como lo único que importa del juego: un gana-pierde continuo de ámbito universal. El juego se ha convertido en una adicción para yonkis de ese gana-pierde alimentada por camellos que ofrecen una panoplia de productos y servicios ajedrecísticos con nombres tan sugerentes como “destroza la siciliana”, “castiga los errores”, “bombardea el centro blanco”, “destruye la Caro-Kann”.

Reconozcamos, no obstante, que el rating elo ofrece un feedback al aficionado que indirectamente mide su progreso en el juego. Una valoración distorsionada en múltiples dimensiones, pero la única posible cuando se estableció hace muchas décadas.

Hoy en cambio es posible obtener una valoración de nuestro juego mucho más objetiva y directa, y además no contaminada por el resultado de la partida. Los motores de ajedrez han establecido un techo, un nivel de juego casi perfecto para la mente humana. Disponemos de herramientas que, en combinación con esos motores, cuantifican la calidad de nuestro juego, unas veces medido como un % de precisión, otras como una pérdida o desviación promedio en centipeones respecto al juego perfecto. Herramientas que, además, se usan con éxito para detectar precisamente a los tramposos que se ayudan de esos motores en la competición.

Mi propuesta es dar un feedback público y respaldado federativamente o por plataformas de juego online que mida exclusivamente el grado de perfección de nuestro juego partida a partida. Que el jugador pueda ver reflejado que este mes o en aquel torneo su precisión de juego fue del 92% o cayó al 86%, o que hace un año jugaba 2 puntos mejor o peor. El 1-0, el 0-1 y el ½- ½ no son los únicos resultados posibles de una partida: hay muchas formas de perder, de ganar y de entablar.

Este sistema sería independiente del resultado y, hasta un cierto punto, del nivel del rival. Mi experiencia es que es más fácil obtener una puntuación casi perfecta frente a un rival que comete errores de bulto. Quizás por ello, para evitar distorsiones, se debieran omitir en este sistema de rating las partidas ganadas frente a aquellos rivales que se desempeñan muy por debajo de nuestro nivel. Pero es indudable que las partidas igualadas y, sobre todo, las partidas perdidas deben formar parte de ese rating, porque es en las dificultades donde tenemos ocasión de darlo todo.

De esta forma marcaremos el acento sobre la faceta colaborativa del ajedrez, sobre la necesidad de un buen rival para tener una buena partida. Y también sobre la competición contra uno mismo, la superación personal, más que sobre la derrota ajena.

Felipe Martín

(publicado originalmente en metajaque.info)

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