El veneno y el puñal en la apertura italiana (in memoriam Lucrecia Borgia)

Lucrecia Borgia, recreación de la serie «Los Borgia»

La apertura que hoy les traigo es una de las más antiguas del ajedrez. Se menciona en el tratado de Luis Ramírez de Lucena (1465-1530) «Repetición de amores y arte de ajedrez», publicado en Salamanca en 1497, junto con otras muchas posiciones básicas de ajedrez como el final conocido como posición de Lucena. Lo que no se suele saber es que el libro de Lucena es en gran medida un copia y pega al estilo de la época del libro perdido pero bien documentado de Francesch Vicenc, publicado dos años antes en Segorbe, Valencia. La continuidad entre las dos obras está documentada incluso a nivel de tipografía, pues en la composición del libro de Lucena se usaron los mismos tipos con los que se había impreso el libro de Francesch Vicenc, siendo los impresores, que se habían trasladado de Valencia a Salamanca entre 1495 y 1497, los que con toda seguridad le dieron a conocer a Lucena la obra del ajedrecista valenciano. La obra de Francesch Vicenc es un hito en la historia del ajedrez, pues fue la primera en la que se establecieron por escrito las reglas del ajedrez moderno o «de la dama», que se difundió como la pólvora (y también gracias a la pólvora y a la imprenta) por todo el Mediterráneo cristiano, señoreado por la Corona de Aragón, y por el norte y centro de Europa. Se cree que Francesch Vicenc llegó a ser chess trainer de nada menos que Lucrecia Borgia, la femme fatal de los Borgia, no se sabe si en calidad de víctima o de depredadora. La familia Borgia ha pasado a la historia por sus trucos, trampas y celadas a base de bodas, incienso, veneno y puñal.

Página de la obra de Lucena, publicada en Salamanca en 1497, con licencia Creative Commons del «Llibre dels jochs partits dels schacs en nombre de 100», de Francesc Vicenc

En esta apertura más vieja que Lucena el alfil de rey se desarrolla antes que el caballo de rey, el cual muchas veces sale por e2 para apoyar el avance f4. Es una apertura agresiva, muy usada a nivel de club, pero poco frecuente en el ajedrez de alto nivel, donde a lo sumo aparece como una mera transposición de su prima, la apertura italiana, una de las primeras, sino la primera que guía los primeros pasos de los que se inician en el ajedrez.

Dicen que familiarizarse con los ardides, emboscadas y encerronas propios de los comienzos de partida es un paso previo necesario antes de profundizar en líneas y variantes. Por ello, para que nuestros jóvenes pioneros emulen sobre el tablero las andanzas de los Borgia, he elegido una partida en la que las blancas eligen la variante del gambito de Urusov, una línea muy agresiva que contiene una o dos celadas que hay que conocer para evitar o, quién sabe, incluso para tender. En este caso que mostramos el poco experimentado jugador de negras (poco experimentado viendo su elo en comparación con su rival) cayó en la celada 6…dxc3, perdiendo la partida rápidamente en apenas quince jugadas.
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Pedro Forján
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La realidad no envidia a la ficción

El final que nos ocupa puede parecer una composición de las que muchas veces echo mano, debido a la disposición del material y la colocación del mismo. Pero la realidad es que proviene de una partida real jugada en el torneo de Londres de 1947. La disputaron los dos maestros de nacionalidad inglesa Cenek Kottnauer (1910-1996) y George Alan Thomas (1881-1972).

Cenek Kottnauer en realidad era checoslovaco y como tal representó a su país en la Olimpiada de Helsinki de 1952. Pero en 1953 emigró a Inglaterra, país al que representó como primer tablero en la Olimpiada de Tel Aviv de 1964.

 

George Alan Thomas fue un gentleman de los tiempos de antaño, capaz de jugar profesionalmente al ajedrez, al badminton y al tenis, por orden alfabético. En la foto lo vemos disputando un partido de dobles mixto.

 

 

Es el turno de las negras y la posición refleja un equilibrio material que hace presagiar un empate o ¿no?. Para dar un poco de descanso al cálculo, las preguntas que voy a hacer son:

¿Cuál de las siguientes afirmaciones es correcta?

A) Las blancas están mejor.

B) La posición esta nivelada.

C) Las negras están mejor.

¿Podría trazar un plan de acción sin entrar en lineas concretas que respalde su respuesta anterior?

Ahora a afinar el instinto y a darle al problema.

 

La Solución, como siempre, está debajo.

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Piaget y la mayéutica ajedrecística

Hace unas semanas publicábamos un artículo a propósito de la provocadora cita de Unamuno “el ajedrez desarrolla la inteligencia, sí, pero sólo para jugar al ajedrez”. Y hace poco, en sentido contrario, un artículo del filósofo y pedagogo Nicola Lococo interpretando el diálogo entre los dos jugadores de una partida de ajedrez como un ejercicio de mayéutica socrática: es decir, como un paradigma de praxis intelectual entre dos personas que colaboran en la búsqueda del conocimiento cuestionándose el uno al otro. ¿Pueden conciliarse puntos de vista tan opuestos? Veamos.

El primero de los artículos concluía preguntándose que dirían Piaget o Vigotsky acerca de si el aprendizaje y la práctica del ajedrez en edad infantil ayudan a su desarrollo intelectual. Pues bien, desde la teoría piagetiana del desarrollo infantil se le puede dar una respuesta a esta pregunta que engancha además con la perspectiva mayéutica invocada por Lococo.

Voy a dar un pequeño rodeo a través de las ideas de Piaget y Vigotsky para establecer la primera premisa de este artículo: que la confrontación-diálogo entre dos o más personas es la forma original como surge el razonamiento lógico en el desarrollo infantil.

En el esquema piagetiano de desarrollo infantil, hay un salto, un rubicón alrededor de los 6-7 años. La edad no es ni mucho menos exacta, puede variar según individuos y entorno sociocultural, pero la mutación se da en todos los niños. Hasta esa edad aproximada el niño es “intelectualmente egocéntrico”. Entrecomillamos la expresión porque Piaget no utiliza el término “egocéntrico” en su acepción corriente, tal como lo definiría el diccionario de la RAE o como lo utilizaríamos en una conversación casual. Es importante entender lo que quiere decir Piaget caracterizando como egocéntrica la inteligencia del niño en el periodo aproximado de los 2-7 años. Importante para comprender la dificultad o incluso imposibilidad de jugar al ajedrez para los que aún no han dado el salto, aunque sepan las reglas y muevan las piezas correctamente. Importante también para comprender lo que de positivo puede aportar el ajedrez a esa edad en la superación de ese reto cognitivo.

Como dice Piaget y nadie se ha atrevido a contradecir, el ser humano recién venido al mundo no distingue aún entre su mismidad y la realidad exterior. El bebé es egocéntrico en un sentido absoluto. Desde ese instante inicial el desarrollo humano es un proceso de autoconciencia y descentración, un ejercicio creciente de objetividad que solo termina cuando el ser humano hace techo cognitivo. Al nacer, todo lo que percibe el recién nacido, empezando desde luego por la propia madre, es parte de él, de sí mismo. Va comprendiendo donde está la barrera entre el mundo exterior y él mismo a base de frustraciones, pero también de triunfos cuando da un paso adaptativo exitoso. “Va comprendiendo” quiere decir, ni más ni menos, que el niño construye en su interior, en su mente, los esquemas operativos necesarios para desenvolverse en la realidad, para saber que las ausencias de su madre son temporales y que volverá, o que la pelota que ha rodado y dejado de estar visible no es que haya dejado de existir, simplemente está oculta o tapada. Piaget coloca en el segundo año de vida, más o menos, el fin del estadio que denomina sensorio-motriz por la prevalencia de la conducta exploratoria física y sensorial en su desarrollo mental.

Con la aparición del lenguaje y hasta los 6-7 años aproximadamente, Piaget describe lo que etiqueta como estadio preoperacional, de una intensa actividad mental, pero que se rige por reglas muy diferentes de las del adulto y que los adultos solemos olvidar o desconocer. Una de ellas, el egocentrismo cognitivo. Un ejemplo de egocentrismo cognitivo sería este diálogo. Le preguntamos a un niño:

    • ¿Tienes un hermano?
    • Sí.
    • ¿Cómo se llama?
    • Carlos.
    • ¿Carlos tiene un hermano?
    • No.

El niño es incapaz de representarse mentalmente el punto de vista de su hermano Carlos y de otras personas en general. No se piense que un Sócrates, a base de preguntas, conseguirá llevar la luz a su mente si el niño no está maduro. Más bien puede ocurrir que el adulto con sus preguntas sugiera la respuesta y el niño nos la repita como un loro porque intenta dar satisfacción al adulto. Hay una barrera mental, el egocentrismo cognitivo, que el niño debe superar. Como adultos, nos sorprende descubrir que exista esa barrera porque vemos al niño como un igual a nosotros pero más pequeño, cuando de lo que deberíamos maravillarnos es de que los seres humanos hayamos desarrollado nuestra mente más allá de esa barrera innata tan natural.

Para Piaget, biólogo de formación, el acceso a una fase superior del desarrollo cognitivo es el resultado del conflicto con la realidad y de un proceso de adecuación a ella, similar o equivalente al proceso de adaptación de todos los seres vivos a su medio. Con la importante diferencia de que lo que en el resto de los seres vivos suele ser la adecuación de un órgano a una nueva función, en el ser humano consiste esencialmente en el desarrollo de un superinstrumento: la mente.

Vigotsky matiza o más bien amplia ese punto de vista señalando que la realidad a la que se adapta el individuo humano es abrumadoramente social, cultural. Y que todas las funciones mentales internas, intrapersonales, características del ser humano, aparecen primero en forma externa, como relaciones interpersonales. Por ejemplo, el reflejo del bebé de asir un objeto fuera de su alcance, un sonajero o un muñeco, es interpretado y devuelto por sus padres como gesto de señalar, generando así entre padres e hijos la primera palabra de un lenguaje mímico universal. El lenguaje propiamente dicho, aprendido-imitado de los adultos, se convierte progresivamente en un instrumento mental y el niño se habla a sí mismo, se repite las palabras y frases aprendidas para dirigir su propia conducta, al principio en voz alta y finalmente en silencio: ha aparecido el lenguaje interior.

Para Vigotsky, lo que rompe el egocentrismo cognitivo es la interacción social, el conflicto con los demás. Conflicto que se expresa en gran medida de manera lingüística, puesto que es el lenguaje el medio esencial que utilizamos para interaccionar. Son las frases contradictorias de los otros los primeros contraargumentos que el niño empieza a manejar mentalmente, como si fueran aprendices de la mayéutica socrática.

Y todo esto, ¿qué tiene que ver con el ajedrez?

Si observamos los primeros balbuceos ajedrecísticos de los niños que no han traspasado aún la frontera del egocentrismo, observaremos que es muy fácil que:

  • muevan alfiles, torres, dama y rey con soltura a través de diagonales, filas y columnas.
  • sepan mover los peones 1 o 2 casillas hacia adelante, y capturar en diagonal.
  • sepan mover el caballo según sus reglas de salto.
  • sepan ejecutar el movimiento del enroque.
  • designen los movimientos utilizando correctamente el sistema de coordenadas a1-h8.

Es decir, el niño mueve correctamente las piezas según las reglas del ajedrez. Y subrayo algo que puede parecer una obviedad pero que es un pequeño milagro de por sí: las mueve en su mente antes de moverlas en el tablero.

En contraste con esa capacidad, encontraremos que ese niño todavía en la fase egocéntrica tiene un importante déficit de intencionalidad en su juego:

  • capturará toda pieza o peón enemigo que se ponga a tiro de sus propias piezas o peones, pero curiosamente, los movimientos de mate, aunque sea meramente el mate en 1, le resultan invisibles.
  • con muchísima frecuencia moverá sus piezas y peones a casillas dominadas por el bando contrario y que pueden ser capturadas, para su sorpresa. Igualmente, apenas detecta las amenazas creadas por los movimientos del contrario . En definitiva, el cálculo combinatorio, la visión táctica, es prácticamente inexistente.
  • en la apertura puede dar la impresión de que desarrolla sus piezas con sentido, aunque en realidad está reproduciendo mecánica o memorísticamente las pautas de que el monitor le ha enseñado: avanzar los peones centrales, movilizar alfiles y caballos… Pero el niño no tiene un plan de desarrollo, carece de estrategia. Sus ojos y su atención fluctúan de una pieza a otra y de un lado a otro del tablero, sin evidencia alguna de que conecte unas piezas con otras, incluso aunque estén contiguas.

La ausencia de cálculo combinatorio es, en nuestra opinión, un reflejo de la incapacidad de asumir el punto de vista del contrario, como le sucedía al hermano de Carlos. De la misma forma, el movimiento que da mate se diferencia de la mera captura por el hecho de que incluye el cálculo de los movimientos del rey contrario: es un movimiento combinatorio que requiere incluir el punto de vista del contrario. El niño entiende y ejecutaría con gran alegría la captura del rey, pero no entiende tan fácilmente la posición resultante de mate, que en definitiva es el puro punto de vista del lado contrario. El mate deja insatisfecho al niño porque el triunfo para él consiste en la captura del rey, no en una sutileza, la red de mate, que él no percibe. Por ello, por esta incapacidad de ver el punto de vista contrario, no es de extrañar que el niño tampoco tenga una concepción global de la posición en el tablero, un plan, ya que más allá del esfuerzo de multiatención e integración que le supondría, son la posibilidad y la previsión de las acciones del contrario las que dan sentido a los planes estratégicos, por muy sencillos que nos parezcan.

Esta visión piagetiana de los balbuceos ajedrecísticos es congruente con un consejo firmemente repetido en los cursos para monitores de iniciación al ajedrez: antes de la edad para jugar al ajedrez, hay un estadio previo en el que el niño solo debe jugar con el ajedrez con el único objetivo de  familiarizarse con las piezas y sus movimientos así como con la geometría del tablero. Si el niño no ha madurado todavía, si no está lo suficientemente próximo al Rubicón que debe pasar para dejar atrás su egocentrismo, presentarle ejercicios tácticos y conminarle con ¡Piensa, piensa! no sirve más que para alimentar su frustración, y si ello no le lleva a dejar el ajedrez es porque, afortunadamente, el ajedrez sigue siendo atractivo a pesar de la torpeza de los adultos que presuntamente lo enseñamos.

Las partidas de ajedrez entre niños que no han desbordado el limes cognitivo del egocentrismo son o parecen “juegos paralelos”: dos niños que juegan uno al lado del otro, en compañía pero casi sin interaccionar. Casi: tan solo interaccionan con la alternancia de movimientos y con la realidad inevitable de que la pieza que captura uno de ellos es pieza que desaparece del tablero y que pierde el otro. Un «casi» que será suficiente para que, cuando llegue el momento, prenda en la mente infantil la semilla del pensamiento lógico-contradictorio. Es en este punto donde la magia mayéutica del ajedrez, el diálogo alterno entre los dos jugadores, puede convertirse en la pasarela para transitar rápidamente hacia el siguiente estadio, el de la lógica de las operaciones concretas, desarrollando su capacidad de ver las cosas desde la perspectiva de otra persona. El ajedrez, la partida de ajedrez, es un juicio contradictorio desarrollado en silencio entre las partes y cuya sentencia, dictada por las reglas del juego, se acata con un apretón de manos. En la vida, la confrontación, la cooperación y el diálogo son también procesos contradictorios más exitosos cuanto más racionales son las personas que intervienen en ellos dispuestas a acatar las reglas de la razón. Lo que sin duda sería del agrado de Sócrates y también de Unamuno.

Felipe Martín

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La mayéutica socrática y la partida de ajedrez

Sócrates, uno de los padres de la Filosofía, era hijo de una comadrona. Por ello, entendió siempre su labor en la búsqueda de la verdad como mayéutica, que en griego es la técnica con la que se traen niños al mundo.

El método socrático, consistente en realizar exhaustivos interrogatorios a sus interlocutores, pretendiendo hacer aflorar el conocimiento que anida dentro de nosotros. Y como sucede en los nacimientos, no sin esfuerzo y dolor.

En la medida en que contemplamos la partida de ajedrez como un diálogo donde blancas y negras se alternan en cuestionar la posición contraria para dar cumplida respuesta al oponente, podríamos entender como mayéutica y no enconado enfrentamiento, el transcurrir de sus movimientos, porque ambas partes presentan dificultades al rival interlocutor y se esfuerzan en contra-argumentar sus planes y estrategias o sufren en hallar una buena defensa. Es precisamente, llegados a este punto, conviene no olvidar que la otra parte posee en su interior un conocimiento que no conviene excitar en demasía, de modo que, en ocasiones, tu mejor jugada no es tu mejor jugada si con ella se fuerza al oponente a encontrar la única jugada con que se defiende y te gana.

Dejando a un lado la paradoja anterior, ciertamente, el método socrático de la mayéutica ayuda a comprender el fenómeno de las denominadas “Inmortales” porque la inspiración ajedrecística, a diferencia de la musical o poética, es poca ayuda de cara a componer las obras de arte con las que nos tropezamos por sorpresa en el lúdico dialogo de la competición cuando quien está al otro lado del tablero hace que aflore lo mejor de nuestro genio.

Es entonces que descubrimos una de las grandes verdades atrapadas en el mismo juego, a saber, que se necesita del rival para poder jugar.

Este texto y con este mismo título, La mayéutica socrática y la partida de ajedrez, ha sido tomado del blog de Nicola Lococo, txikixake, dedicado a la difusión y fomento del Ajedrez de Base. También puede ser escuchado en la sección Escaque 65 del espacio radiofónico Rincón del Ajedrez, dirigido por Manuel Azuaga.

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Triplete en la Jornada I de los JJDD en Pamplona

Las instalaciones de la A.D. San Juan fueron el lugar elegido por la federación Navarra de Ajedrez en el que se abriera el telón de los Juegos Deportivos de Navarra. Este año hay muchas novedades, pero lo más relevante es que se ha ampliado el número de niños y niñas que disputarán las Finales y que estas Fases Previas se realizarán entre tres zonas distintas, siendo la de Pamplona la primera.

Desde Burlada enviamos un buen número de inscritos al torneo, que lógicamente es el más importante del año y en el que se dirimirá quién es el campeón de Navarra. A ver si este año conseguimos superar los tres entorchados de oro, las tres platas y los tres bronces del año pasado desde sub8 hasta sub16 (que este año se amplía hasta sub18).

Otros aspectos a tener en cuenta es que en cada  torneo zonal se clasifican 5 o 6 niños y 3 o 2 niñas por torneo (según el reparto realizado), lo que hará posible unas Finales con 16 y 8 personas respectivamente.

Sub8

La categoría más tierna del ajedrez navarro tiene dueño y su nombre es Jon Goñi. Su progresión es asombrosa, ya que sólo lleva 10 meses jugando al ajedrez y este 2020 lleva 3 victorias en los tres torneos que ha disputado. Quédense con este nombre… Al pleno de Jon con 6 de 6 hay que sumarle la también clasificación de Hugo San Juan como sexto clasificado (con 4,5 de 5 ya que no jugó la primera ronda) y la de Zoe Vergara (segunda de las niñas), que demostró aquello de que «de casta le viene al galgo». Rozando estar en las finales estuvieron Ander Rosso y Estefanía Diéguez en un torneo en el que se dieron 57 renacuajos.

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Sub10

En esta categoría el club tenía mucho que decir, y es que a la calidad de los jugadores que repiten en la categoría hay que sumar los nombres de los que suben desde sub8. Fruto de ello, nueva victoria para los nuestros, siendo en esta ocasión Ángel Esparza el que hizo pleno de victorias con 6 de 6. En el tercer puesto de la clasificación que le habilita también para la Final acabó en manos de Kaiet Viana, que solo rindió su rey ante su compañero de escuadra. A estos dos hay que sumar a Mateo Echegoyen, que estaba directamente clasificado como vigente campeón navarro. Muy cerca de la clasificación final estuvieron Oihan Izquierdo y Jorge Suescun entre los 82 participantes que concurrieron a la cita.

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Sub12

Un total de 60 jugadores fueron los que participaron en sub12, resultando vencedor el jugador de Santa Ana, Iker Andrés. Este fue el único torneo que se nos ecapó a los de Burlada, que lucharon por lograr la clasificación hasta el final. Los dos que más cerca estuvieron fueron Aitor Espazar y Lucía Suescun, a los que deseamos una pequeña dosis de suerte para la próxima, como al resto de sus compañeros.

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Sub14

El vencedor del torneo resultó ser el favorito de las quinielas, Adrián Oroz. El jugador del Mikel Gurea hizo valer su ranking 1 para llenar de victorias su casillero adelantando en punto y medio al segundo clasificado. Suma y sigue de Adrián, que persigue su primer título escolar. Muy cerca, arañando literalmente la clasificación directa, estuvieron David Jiménez e Irene Arlanzón, que tendrán que esperar unas semanas para estar donde les corresponde, entre los mejores.

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Siete clasificados ya para Mikel Gurea, buen trabajo. Las dos próximas semanas los torneos se disputarán en Tudela. ¡Suerte a todas y todos!

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¡Cuidado!, hay una dama en el tablero

Martin Minski mostrando su título de M.I. en Composición

El mundo de la composición de finales y problemas nunca deja de fascinarme. En este final por ejemplo el bando débil, en este caso el de la dama, logra imponerse a dos torres y dos peones, cuando normalmente según los tratados dos torres contra dama son tablas (no me gustaría jugar ese final con ningún bando) y torre + peón contra dama tiene posiciones ganadoras y de tablas (otro final que también es complejo).

¿Cual es el factor que en este final desequilibra la balanza a favor del bando débil? La respuesta es simple: la posición precaria del monarca negro y la posibilidad de tejer una red de mate con los agudos y desequilibrantes movimientos de dama.

Antes de dar las ansiadas pistas os hablaré un poco del pedigree del estudio. Pertenece a los poco conocidos compositores J.Kratz y M.Minski, que presentaron este estudio al campeonato de Nona en 2009 ganando una tercera mención honorífica. Martin Minski nació en Berlín, Alemania, el 23 de agosto de 1969. Es profesor de matemáticas. Es Maestro Internacional (MI) en composición desde el año 2017 y Juez Internacional para la Composición desde el año 2013. De J. Kratz no se sabe nada, que sepamos y valga la redundancia.

Las pistas para tratar de resolver este arcano son:

A) 1.Dg1,

B) 1.f3+ y

C) 1.Dg2+

Que usted resuelva bien.

Pedro Forján

 

La Solución, como siempre, está debajo|

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Y los humildes serán ensalzados

Es curioso el aprendizaje del ajedrez: si a un niño que acaba de aprender los rudimentos le dijeras que en esta posición un peón vale más que una torre, te dirá que una torre vale 5 y un peón 1. Mas adelante aprendemos que el valor de las piezas es relativo a la posición que ocupan y en esta posición del italiano Giulio Cesare Poleiro (1548-1612) se cumple: el peón de a7 parece una fuerza imparable que va a costar la torre. Sin embargo hay un recurso muy útil que permite a las blancas ganar la partida. Antes de dar las consabidas pistas hablaré un poco del señor Poleiro. Como he dicho era italiano, nació en Roma y era considerado el mejor jugador de la época en Italia. Tradujo el tratado «Libro de la invención liberal y arte del juego del ajedrez» del español Ruy López de Segura (1530-1590), uno de los primeros tratados de ajedrez escritos en Europa y escribió «Tratado de ajedrez de Giulio Cesare Polerio» donde se recogen 148 partidas y 40 problemas entre los que se encuentra éste y también contribuyo a recopilar aperturas y a la teoría de las mismas, por ejemplo al gambito de Muzio variante del gambito de rey se le conoce también como gambito de Muzio-Poleiro. Bueno os voy a dejar de dar la turrada con el señor Poleiro y hay van las pistas prometidas:

A) 1.Tg1,

B) 1.Ta1

C) 1.Td1

Que usted resuelva bien.

La Solución ABAJO

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III Torneo Escolar de Berriozar

Comenzamos 2020 con fuerzas renovadas y la sana intención de ir publicando las crónicas de los torneos en los que nuestros jugadores se desenvuelvan en los tableros. El problema es que el trabajo se nos acumula y hay que dar prioridad a trabajar en el tablero sobre trabajar en el teclado. Hagamos quiniela… ¿hasta dónde llegaremos?

La tercera edición del Torneo de Berriozar es, como el año pasado, la primera competición del Circuito Navarro Escolar. El circuito se ha convertido ya en todo un evento que tiene ya una alto valor en sí mismo. Así, los chavales luchan torneo a torneo para lograr estar en lo más alto de la clasificación general enfrentándose a sus rivales campeonato a campeonato en los colegios, clubes, ayuntamientos o colaboradores que organizan estos eventos. Esto último parece no haberlo entendido la FNA, pero esto es algo en lo que ahondaremos en otro artículo, puesto que al descenso generalizado de participantes hay que unirle el caos que algunas decisiones federativas han generado.

El cambio de año conlleva en el ajedrez navarro que las categorías también varíen, pese a que sigamos inmersos en la temporada 2019-2020. Cinco categorías y cuatro torneos, puesto que sub14 y sub16 se agrupan. Los niños y niñas, un tanto sorprendidos… jugar contra mayores, ¿por qué si ayer no lo hacía? El único pero tal vez sea que entre el comienzo del año y el inicio de los Juegos Deportivos de Navarra sólo haya este torneo para poder asentarte en la categoría, conocer a tus nuevos contrincantes, saber por dónde te mueves, qué vas a tener en frente… pero la complejidad del calendario y la saturación de torneos (porque buena parte de los niños juegan ya contra adultos) no ayuda a que podamos vislumbrar poder revertir esta situación.

Sub8

Jon Goñi cumplió los pronósticos y se alzó con el título con un 6 de 6. Haberse subido a algún podium ya siendo sub7 auguraba un buen inicio… Ander Rosso acabó cuarto de la clasificación, a nada del podium, con la mitad de puntos tras caer derrotado solamente con los premiados (¡pedazo desempate!).

Sub10

Descomunal torneo, para recordar… Cuatro de los nuestros entre los cinco primeros, siendo el jugador guipuzcoano Gorka Tafall el invitado que se intercaló en el tercer puesto. Victoria para Mateo Echegoyen con 5,5, seguido de Ander Arrastia con 5, Kaiet Viana con 4,5 siendo cuarto pero empatado con el tercero, quinto puesto para Angel Esparza (4) y el pelotón de los 3 puntos con Oier Canle, Jorge Suescun, Oihan Izquierdo y Aurora Hidalgo.

Sub12

Esta fue la única categoría en la que no nos alzamos con el título, pero nuestros compañeros de Gazte Berriak, Aitor Legasa y Asier Ayúcar, acompañaron a Adriana Iribas en el podium. Bien cerca estuvo Aitor Esparza (3,5), seguido por Lucía Suescun y Gorka González con 3 puntos, Daniel Jiménez (2,5) y Javier Jiménez, que vuelve a los tableros.

Sub14-16

Tres representantes en sub14 y uno en sub16. Gran torneo el de los nuestros y doblete al frente de la clasificación, puesto que Adrián Oroz (5,5) se llevó el campeonato y el liderato en sub14, siendo Iñigo Ayúcar (3,5) el triunfador en sub16 pese a no ser su mejor día yendo de más a menos. Iñaki Mutilva, David Jiménez y Nahia Izquierdo acabaron el torneo todos con 3 puntos, en la mitad de la tabla, cosechando victorias importantes que bien seguro les acercarán al objetivo de meterse en las finales de los JJDD.

Conclusión: Cuatro de los cinco títulos para Mikel Gurea, una buenísima cosecha que esperamos sea un síntoma de cómo pueden ir las cosas este 2020. Felicidades por estos extraordinarios resultados y el buen juego desplegado.

Para más información de las clasificaciones, sub8 en este link, sub10 en este link, sub12 en este link y sub14-16 en este link. La información de la FNA en este link y la crónica de Oberena en este link.

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El suicidio impide la derrota

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Los mitos y la historia abundan en personajes que eligieron el suicidio como una forma de escapar a la derrota. «Dejarse caer sobre la espada» era el último acto en el combate de quien lo había perdido todo menos la dignidad. No se piense que esa conducta solo era propia de reyes y generales: el suicidio colectivo en masa fue muy frecuente en la Antigüedad. Los historiadores romanos nos han transmitido el de los pobladores de Numancia, que caída la ciudad prefirieron morir a vivir esclavizados. El de Sagunto parece más dudoso y producto más bien de la propaganda romana anticartaginesa, pues Aníbal parece que trató bien, por conveniencia, a los conquistados. Más verídico es el relato de Flavio Josefo, que nos cuenta en términos estremecedores la caída de Masada, con datos que luego han sido comprobados arqueológicamente. También Jenofonte, en su Anábasis, relata de forma muy viva y concisa un caso semejante: en su retirada por territorios extraños, entre lo que ahora es Irak y las montañas del Cáucaso, los Diez Mil tropezaron con una aldea «de los taocos», de la que tan solo pretendían obtener víveres para poder proseguir su travesía. La dificultad de entenderse entre lenguas diferentes parece que impidió a los taocos conocer las intenciones no demasiado agresivas de los griegos. Tampoco parece, por el relato de Jenofonte, que los griegos se esforzaran mucho en hacerse entender, ya que la toma de la aldea -un castro amurallado del estilo de los más de doscientos que hay documentados en Navarra durante esos siglos- fue pan comido para los mercenarios griegos. El caso es que, nada más entrar en la aldea, los griegos asistieron atónitos al suicidio en masa de sus pobladores, que eligieron despeñarse por el risco que defendía uno de los flancos de la aldea. Uno de los griegos, codicioso de un medallón que lucía un taoco, se aferró a él para arrancárselo y fue arrastrado al precipicio.

Posiblemente esta costumbre del suicidio que niega la victoria al vencedor sea el origen de la regla del ahogado, que nos resulta chocante en nuestros tiempos al que se inicia en el ajedrez.

Entrando en materia. Con esta composición un poco fantasiosa quiero rendir tributo a un gran ajedrecista y compositor que es para mi una fuente de inspiración. Guénrij Moiséyevich Kasparián (1910-1995) fue un jugador compositor armenio. Su carrera como jugador fue normal: ganó 10 veces el campeonato de Armenia y tenía la categoría de maestro internacional. Por lo que este hombre realmente pasó a los libros de historia ajedrecística fue por ser uno de los mas prolíficos compositores de finales y problemas. En esta rama consiguió los máximos títulos: campeón del mundo de composición, gran maestro de composición (un titulo nada fácil de conseguir en esa época: a Reti nunca se lo dieron), y juez internacional de composición, entre otros muchos. Este gran compositor nos dejó varios libros muy buenos sobre el tema, siendo los mas relevantes Dominación en 2545 estudios. Para aquellos a los que el título les suene raro, diré que «dominación» en ajedrez es un tema en el que una o varias piezas atrapan a otra del rival. Otro libro suyo es 888 miniaturas y estudios, que recoge casi toda la producción de este genio imaginativo de la composición.

En este final la situación blanca parece desesperada. El peón negro de «h» corre mucho y parece que no podemos hacer nada. Pero hay un camino hacia la salvación (las tablas), un camino que permite a las blancas llegar a la seguridad y cobijo de su hogar, sirva esta ultima frase como primera pistilla. Ahora os daré unas cuantas opciones para ir calculando:

A) 1.Rf7,

B) 1.Rd7,

C) 1.b6,

Disfrute de la magia e imaginación de uno de los grandes.

Pedro Forján

La SOLUCIÓN, más abajo.

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El ajedrez solo sirve para jugar al ajedrez

El ajedrez desarrolla la inteligencia, sí, pero sólo para jugar al ajedrez.

Miguel de Unamuno

Nadie haría caso a esta boutade si no fuera por el nombre del que la dijo. En estos tiempos apresurados las provocaciones sirven para encabezar un artículo como gancho cazalectores. Así que, si has llegado hasta aquí, disculpa el truco y déjanos que tiremos del sedal con suavidad.

Leontxo García explica qué contexto vital llevó a Unamuno a enunciar esta conclusión. Vale la pena leer el artículo de Leontxo, pero si lo dejas para después por seguir nuestro hilo, os diremos sin demasiado spoiler que Unamuno, como su ilustre coetáneo Ramón y Cajal, era un apasionado jugador de ajedrez que vivía con remordimientos su afición por el mucho tiempo que le quitaba para las cosas de provecho. Incluso en su última obra, una nivola titulada Don Sandalio, jugador de ajedrez, utiliza nuestro juego para contar una parábola sobre la ambigüedad de las diversas identidades de un mismo individuo. 

Nada contradice más a Unamuno que el hecho de que durante los últimos 125 años el ajedrez ha sido para las investigaciones sobre la inteligencia humana y sobre inteligencia artificial, lo que la mosca de la fruta -Drosophila- ha sido para la experimentación genética. Empezando por Alfred Binet, el psicólogo que diseñó el primer test de inteligencia, que ya le dedicó dos trabajos en 1893 (Virtuosismo mnemotécnico: Un estudio de jugadores de ajedrez) y en 1894 (Psychologie des grands calculateurs et joueurs en d’echecs). La lista sigue con Djakow, Petrowski y Rudik, tres investigadores rusos que en 1925 publicaron, en alemán, Psychologie des Schachspiels (Psicología del Ajedrez), lo que suena impresionante, sobre todo en alemán. Este libro dicen que influyó decisivamente en la orientación soviética por la iniciación al ajedrez en edades tempranas, aunque parece que su metodología no fue especialmente brillante: consistió en someter a doce participantes en el Torneo Internacional de Moscú de 1925, a una serie abrumadora de tests psicológicos no demasiado sofisticados, incluido el test de Roscharch. Llegó a la conclusión de que los jugadores de ajedrez son muy normalitos y solo destacan, además de en ajedrez obviamente, en capacidad de atención y en pensamiento abstracto.

Adriaan de Groot fue un psicólogo holandés (y jugador de ajedrez), miembro de la Real Academia Holandesa de Artes y Ciencias, que entre 1940 y 1960 realizó las aportaciones más rigurosas desde Alfred Binet al estudio de los procesos cognitivos involucrados en la maestría ajedrecística. Tan importantes que cuando en la década de los 70 se abordó el ajedrez como la piedra de toque de la inteligencia artificial, sus trabajos fueron escrutados exhaustivamente.

Los trabajos de de Groot fueron perfeccionados en la década de los 70 por William G. Chase y Herbert A. Simon, focalizándose en el papel de la percepción de patrones aprendidos. El suizo Fernand Gobet, psicólogo cognitivo y también notable jugador de ajedrez, ha continuado estos trabajos y los de de Groot hasta el siglo XXI.

La lista seguiría, aunque no quisiéramos traer a colación la aportación del ajedrez al desarrollo de la inteligencia artificial, ni habláramos del genial y malogrado Alan Turing, primer redactor de un programa capaz de jugar al ajedrez.

De todo ello nada pudo saber Unamuno, cierto, aunque como experto jugador de ajedrez y filósofo y escritor, debería haber sido capaz de tomar distancia respecto al juego que lo absorbía y valorarlo con objetividad, en lugar de arremeter contra él con su insolvente frase despectiva. De lo que cuenta Leontxo se deduce que Unamuno hubiera hecho propia esta otra frase más intransigente aún: el ajedrez no es un juego, sino una enfermedad. Una frase a la que dan credibilidad las muchas obras de la literatura y el cine que se han ocupado del ajedrez exclusivamente desde esa faceta obsesiva

El ajedrez puede llegar a ser una enfermedad. Pero no es una enfermedad contagiosa, que “contagia” al individuo. Es el enfermo el que elige el ajedrez y lo llena con su trastorno, como podía haber elegido el póker, la lotería, el alcohol, el misticismo zen, las carreras de montaña, la adicción al sexo, la adicción al trabajo o cualquier otra faceta de la actividad humana.

Los monitores de ajedrez pueden detectar cuando el niño o el adolescente manifiesta un trastorno a través del ajedrez (aunque ese trastorno les complazca porque produce buenos resultados deportivos). Es poco lo que pueden hacer, más allá de trasladar sus observaciones a sus padres y responsables educativos. Porque el problema, siempre, no está en el ajedrez sino fuera de él.

Bobby Fischer, al final de su vida

Quizás si a Bobby Fischer se le hubiera dado una posibilidad real de elegir, si su sino y su destino no hubiera estado preconfigurado por una infancia huérfana y nómada al cuidado de una madre soltera acosada por el FBI, quizás hubiera preferido ser una persona corriente, sin fama ni gloria, pero con una vida mucho más feliz y equilibrada que la que llevó. El ajedrez no necesita monstruos. Quizás esos monstruos sean más aceptables o incluso admirados cuando nos dejan un legado científico, filosófico, literario… Ni aún así.

El colmo para Unamuno sería enterarse de que su tataranieto Miguel Santos Ruiz es, a sus veinte años, GM, 7º del ranking FIDE en España con sus 2591 puntos de rating. O percatarse de la creciente ola educativa a favor de distintas formas de integración del ajedrez en la escuela. No hay espacio aquí para hacer un resumen de todo lo que se ha investigado con fundamento respecto al valor educativo del ajedrez. Para quien quiera empezar a bucear, un documento-guía: Chess in Education Research Summary. Hay una traducción glosada en este link de ajedrezescolar.es. El documento es realmente antiguo, 1995, y obviamente hay trabajos posteriores. Por ejemplo, éste de la Universidad de Turín, realizado dentro del proyecto Castle Erasmus+. En estos últimos 25 años el acento se ha traslado sobre las propuestas de inserción del ajedrez en la escuela (Ajeduca en el ámbito andaluz, EducaChess o EDAMI en el catalán, Txiki Xake en el vasco, Caissa en el Alto Ebro, Madrid Chess Academy en la Villa y Corte, ajEdu en el ámbito hispanoamericano, o el ya citado Castle en el ámbito «erasmus» europeo). Por no hablar de las distintas propuestas «no legislativas» del Parlamento europeo y el Senado español, que se pueden encontrar resumidas aquí.

Sin embargo, Unamuno no andaba errado del todo. A pesar del entusiasmo de todos los que abogan por la inserción del ajedrez en las aulas, la correlación entre ajedrez y rendimiento escolar sólo se ha establecido a nivel de indicios, de correlaciones estadísticas en pruebas controladas. Los estudios más contundentes basados en el seguimiento durante dos o más años de un grupo de alumnos iniciados en el ajedrez confrontados con un grupo de control, muestran una correlación entre ajedrez y rendimiento académico en ciertas áreas y a ciertas edades, pero no explican el porqué de esa correlación. Es muy americano, y muy superficial, medir y cuantificar olvidándose de profundizar en las causas y relaciones. Sin comprender la relación, que la hay, entre jugar al ajedrez y buen desempeño en matemáticas o comprensión lectora, por ejemplo, no se pueden realizar propuestas rigurosas de ajedrez educativo. Quizás esas investigaciones lo que han demostrado, más que los méritos del ajedrez, son las debilidades o carencias de los métodos educativos convencionales.

Pero el aura del ajedrez está ahí y muchos de estos proyectos, al socaire de ese aura, de ese «humo», son proyectos claramente lucrativos, que venden clases presenciales y on-line, libros, materiales, etc… Es necesario poner orden y separar el grano de la paja, los vendedores de crecepelo de los que realmente aportan valor añadido, y para ello es imprescindible comprender qué aporta el ajedrez al desarrollo de la inteligencia y en qué momentos, edades o fases del desarrollo; qué transferencia de habilidades/capacidades puede darse entre el ajedrez y los desempeños intelectuales en otras áreas; y finalmente cuál es la ventaja competitiva del ajedrez frente a los sistemas educativos habituales. Y esa explicación debe hacerse en el marco de las teorías del aprendizaje y del desarrollo cognitivo. Hay que preguntarse -y responder- qué dirían Piaget o Vigotsky, por ejemplo, acerca del ajedrez entre los 7 y los 12 años.

Oier Irujo – Felipe Martín

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