Cto de España sub 12 (III): Ronda 3 y tarde libre

El día comienza con el despertador del móvil sin sonar a su hora. Eso tiene su pro y su contra: por un lado duermo algunos minutos más, algo que siempre se agradece, pero por otro me pierdo el encierro de San Fermín por la tele. Lo justo abro el primer ojo para ver la repetición, pero no es lo mismo… En fin. En el desayuno, como no podía ser de otra manera, el tema de conversación de todos y todas es el baile que parte de la delegación navarra realizó la noche anterior. No todo son halagos y felicitaciones al respecto ya que algunos, entre los que yo me incluyo, optamos por gastar bromas al respecto o de imitar a algunos bailarines. En definitiva, el buen ambiente reina por encima de todo lo demás.

Poco antes de las 10.00 acudimos a la sala de juego, ya que la tercera ronda está por comenzar. Como ocurría en el sub 10, los últimos minutos previos a la disputa de la partida de dedican a dar ánimos, suerte, últimos consejos…

Puntuales, como siempre, empieza la ronda. Unai juega de manera imprecisa la apertura y pronto queda en una posición muy inferior que jugadas más tarde se traducirá en derrota definitiva. Lucía juega una variante teórica de la francesa; sin embargo, justo al salir de la apertura deja que su rival le clave una pieza, lo que supondrá el punto clave para la posterior derrota de la jugadora navarra. Daniel y Pablo (sigo intentando aprender a diferenciarlos) se compenetran hasta en cuándo acabar las partidas: ambos hermanos finalizaron casi a la vez, aunque no con el mismo resultado (Daniel logró vencer mientas que Pablo fue derrotado). Haizea pronto gana dos peones, y si a eso le añades que en una combinación táctica consigue una torre de ventaja queda claro que el punto fue a parar a su bolsillo. Carla juega una partida correctísima, prestando atención a todo lo trabajado durante el curso; pasadas las 2 horas y 30 minutos de partida y pese a tener peón de más, Carla opta por firmar tablas ya que no encuentra un plan ganador. Cristian juega, como es habitual en él, una partida en la que las amenazas de trucos son constantes; finalmente, ante las amenazas de ambos jugadores sobre los reyes rivales se firman unas tablas que evitan que la sangre llegue al tablero.

Aitor por su parte jugó una buena partida en la que le faltó terminar de aprovechar sus pequeñas ventajas para alzarse con el triunfo; finalmente firmó tablas. Martín jugó una partida muy igualada que derivó en un final que requería de varios minutos de análisis y reflexión, algo que entraba dentro de los planes del navarro, por lo que tras hacer varias jugadas imprecisas tuvo que inclinar su rey. Aimer empezó su partida de forma muy prometedora, pero tras un par de errores tuvo que pasar a defenderse a la desesperada hasta que ya no hubo nada mejor que dar la mano a su rival en señal de rendición. Leire tuvo la victoria al alcance de su mano, ya que durante varias jugadas estuvo con pieza de más y serias aspiraciones de ataque definitivo; sin embargo, su rival fue recuperándose poco a poco hasta compensar con varios peones la pieza de desventaja, factor que llevó a ambos jugadores a firmar unas tablas un tanto agridulces. Naira es el polo opuesto a Martín: pensó de más en situaciones sencillas y cuando la posición lo requería no tuvo segundos suficientes para analizar todo lo necesario, por lo que terminó perdiendo por bandera.

Los análisis posteriores y la comida precedieron a algo muy apreciado para los monitores: una tarde libre. Muchos optaron por aprovecharla marchándose a la playa o a pueblos cercanos, mientras que yo acudí a mi lugar favorito: la piscina. Como no había personas conocidas con las que realizar la tradicional batalla de salpicaduras, churrazos y aguadillas tuve que conformarme con disputar un partido de waterpolo dentro de las actividades lúdicas del hotel. No estuvo mal, aunque nada comparable con hacer frente a varios pezqueñines que tratan de agarrarte y meter tu cabeza bajo el agua. Como al salir del agua todavía había algo de tiempo hasta la cena, Ángel y yo decidimos visitar el pueblo de Salobreña y ya de paso realizar algunas compras.

A la vuelta nos juntamos en el restaurante con el resto de la delegación navarra, con quienes comentamos cómo había ido la tarde, a dónde habíamos ido cada uno y qué tal lo habíamos pasado. Para finalizar el día, saqué las monedas sueltas de euro de mi cartera y junto a algunos de los peques, pasamos un gran rato de partidas al futbolín y al hockey de mesa antes de dar por terminado el día y volver cada uno a su habitación.

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