Cada 23 de abril amanece con una luz distinta. No es una exageración poética, puesto que hay algo en el ambiente que invita a abrir un libro, a detener el ritmo y a escuchar el murmullo de las historias. Los libros son como el flujo de los ríos, siempre son distintos pese a que la portada sea la misma. No es lo mismo leer un mismo libro a los 16 que a los 46, de la misma forma que uno nunca se baña en el mismo río porque el agua que lo recorre es otra.
Hoy es el día en el que la lectura se celebra en todos los rincones del mundo. Se trata de una fecha simbólica que recuerda la fuerza de las palabras y su capacidad para atravesar siglos y culturas. La elección de este día no es casual, dado que coincide con la muerte de dos grandes figuras de la literatura como Miguel de Cervantes y William Shakespeare, dos gigantes que, desde lenguas distintas, lograron sellar sus nombres y sus obras en la historia. Pensar en ellos es pensar en la lectura como un puente entre épocas, personas y mundos imaginarios y realidades profundas.

La lectura es interpretar, tomar decisiones invisibles, construir un sentido a las cosas. Es ahí donde de forma casi natural aparece el ajedrez, porque nuestro deporte, como la lectura, es un ejercicio en el que la imaginación toma el pulso y la dirección de los acontecimientos. Ante un tablero cada pieza cuenta una historia posible y cada movimiento abre o cierra un camino. En la literatura sucede lo mismo con cada página. El jugador de ajedrez y el lector se preguntan qué va a pasar, que habrá después.
Hay algo profundamente literario en una partida de ajedrez. El inicio (la apertura en el ajedrez) es como el planteamiento de una novela en el que se presentan los personajes y se insinúan las tensiones. El medio juego (el nudo en la lectura) desarrolla el conflicto, con movimientos estratégicos o sacrificios inesperados. Y en el final y en el desenlace todo termina por cobrar sentido; cada decisión previa revela su peso en la obra.
Lectura y ajedrez comparten beneficios que van más allá del entretenimiento: 1) Fomentan la concentración en un mundo lleno de distracciones. 2) Entrenan la paciencia, una virtud cada vez más escasa. 3) Estimulan el pensamiento crítico y la creatividad. Además, tanto los libros como el ajedrez enseñan algo que cada vez es menos común… la empatía. Al leer nos ponemos en la piel de otro, así como al jugar al ajedrez intentamos pensar como lo hace el rival. En ambos casos, se trata de salir de uno mismo para comprender mejor el mundo.

No es casual que tantos escritores hayan sentido fascinación por el ajedrez. El tablero es, en cierto modo, un escenario narrativo. Cada partida puede ser leída como un relato breve, cargado de tensión, belleza y, a veces, tragedia. Del mismo modo, muchos libros han encontrado en el ajedrez una metáfora poderosa para hablar de la propia vida.
En un día como hoy, en el que celebramos la lectura, acercarse al ajedrez a través de los libros es una forma doblemente rica de aprendizaje y disfrute.
A continuación, te propongo cinco obras donde el ajedrez es el elemento central que ilumina la historia:
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- La tabla de Flandes de Arturo Pérez-Reverte (1990)
Una intriga fascinante donde un misterio histórico se entrelaza con una partida de ajedrez que parece trascender el tiempo. - Novela de ajedrez de Stefan Zweig (1942)
Un relato breve pero intenso sobre la obsesión, el aislamiento y el poder psicológico del ajedrez. Una lectura imprescindible por su profundidad. - El ocho de Katherine Neville (1988)
Una mezcla de historia, aventuras y enigmas en torno a un legendario juego de ajedrez. Perfecta para quienes buscan una narrativa llena de giros. - La defensa Luzhin — de Vladimir Nabokov (1930)
Una exploración literaria brillante sobre la mente de un genio del ajedrez. Nabokov combina estilo y psicología en una obra única. - El jugador de ajedrez de Julio Castedo (2003)
Ambientada en la Guerra Civil española, esta novela muestra cómo el ajedrez puede convertirse en refugio, lenguaje y destino de vida.
- La tabla de Flandes de Arturo Pérez-Reverte (1990)
Celebrar el 23 de abril es, en el fondo, celebrar la capacidad humana de pensar, de imaginar y de conectar. Ya sea pasando páginas o moviendo piezas, lo que está en juego es nuestra forma de entender el mundo.
Quizá por eso, en un día como hoy, abrir un libro de ajedrez se convierte en un acto casi simbólico que reúne dos espacios que van de la mano. Hacerlo es recordar que cada historia, como cada partida, merece ser vivida con atención y pasión.





















La competición tuvo lugar unos días antes de las vacaciones de Semana Santa, lo que estábamos seguro de que atraería a mucha gente con ganas de quitarse el gusanillo de cara al descanso primaveral. El mejor fue sin lugar a dudas Imanol Migueltorena, que vio recompensado su buen momento de forma táctico con la consecución de unas cifras espectaculares. Sus 7/7, pleno de victorias, lo dejaron en solitario en lo más alto, demostrando un estar un paso por delante de los demás. Para el resto de posiciones la lucha no tuvo cuartel y en un punto se colocaron nada menos que ocho ajedrecistas, siendo los dos que se llevaron el gato al agua con 4,5/7 Imanol Solano e Iraia Ciganda. Ambos destacaron por medio punto sobre todos los demás, regalándose un buen puesto en la tabla general.







Este año Mikel Gurea ha batido todas sus marcas en cuanto a cantidad y porcentaje de participación de jugadores y jugadoras clasificados para las finales de estos JJDD. La cifra es espectacular y cierra nuestra presencia en 59 niños y niñas de los 147 que tomarán parte en esta competición. El porcentaje de los de MG es del 40% del total, dejando el 60% para los 11 clubes y escuelas en su conjunto (57% de los 9 clubes navarros y 3% para los 2 clubes guipuzcoanos con chavales escolarizados en Navarra).
En la categoría de los más pequeños los porcentajes de participación de los nuestros son impresionantes. Los números indican 19 de los 32 finalistas entre chicos y chicas; el 59% del total. Los resultados de los torneos individuales en las fases previas y a lo largo del circuito escolar auguran unos buenos resultados para los nuestros, pero, como siempre en el deporte, hay que respetar a los rivales e ir partida a partida. Nadie gana sin jugar.
Esta categoría benjamín es muy plural y hay chavales de un montón de clubes, por lo que hacer quinielas resulta algo complicado. En torno a la participación de los nuestros, en total son 9 niños y niñas de los 29 apuntados; 31% del cómputo general. El aspecto negativo en este torneo es que ni tan siquiera se llegó a cubrir el número de plazas disponibles para la fase final en la prueba femenina.
Muchos y muy buenos jugadores y jugadoras de nuestra escuela en esta categoría alevín, en la que el nivel medio de los participantes es fortísimo. Entre los 32 inscritos, los de naranja computan un 44% del total con 14 participantes. Es una lástima que, siendo conocedores del nivel de los participantes, los ajedrecistas tengan que jugar a 45’+30″ en vez de a 90’+30″, que es como disputarán sus partidas en los subsiguientes campeonatos nacionales.
En la prueba infantil sólo tenemos a 6 de los 27 inscritos (22%). Es la cifra más baja, con casi uno de cada cuatro finalistas, pero es que finalmente Jon Goñi -ranking 1 de ajedrez foral en esta categoría- y An Azofra no podrán tomar parte pese a haberse ganado el billete para la final. En la competición femenina sucede lo mismo que en la categoría de benjamines; no se ha alcanzado ni tan siquiera la cifra de 12 inscritas y todas las participantes en esta final lo harán sin haber debutado en el torneo.
Uno de cada dos participantes en el torneo cadete será canterano de MG. Esto es, el 50% con 8 de los 16 inscritos. Muchísimo Elo en las primeras mesas de la competición, con algún jugador titulado incluso. El aspecto negativo en esta categoría es que sólo hay una jugadora inscrita en el apartado femenino, lo que le otorga de facto el título de campeona foral. Sin embargo, la dirección de la competición ha entendido que debía jugar y la ha insertado en el torneo sub14 femenino. Curioso…
Muy pocos jugadores en esta categoría, con sólo 7 chicos y 4 chicas que jugarán torneos independientes. Y eso que, como el sub16, es una competición abierta sin fase previa. Las cifras de participación de nuestros alumnos juveniles se queda en sólo 3 de los 11 inscritos; 27% sobre el total. En este torneo cabe destacar que faltan a la cita los dos mejores jugadores navarros de la categoría, un MI y un MF, que no han querido tomar parte en el evento de este año.
Al mismo tiempo, los mayores se benefician del dinamismo y la creatividad de las nuevas generaciones, fortaleciéndose con este tipo de encuentros los vínculos entre ambos grupos. En conjunto, el ajedrez intergeneracional se convierte en una experiencia enriquecedora tanto a nivel personal como social. Además, este tipo de iniciativas ayudan a la inclusión, permitiendo que personas de mundos muy diversos participen en igualdad de condiciones. El intercambio de experiencias entre generaciones enriquece el aprendizaje de todos los implicados y este tipo de eventos puede servir como puente entre jóvenes y mayores.
Los resultados de los nuestros en la prueba fueron los siguientes:



Además, era habitual el uso de controles por número de jugadas: Por ejemplo 


