El fin de año en el calendario ajedrecístico está marcado por dos eventos que, últimamente, no dejan indiferente a nadie: los mundiales en las modalidades de ajedrez rápido (15’+10”) y ajedrez relámpago o blitz (3’+2”). En ambos eventos los ojos estaban puestos, como ya viene siendo costumbre, en Magnus Carlsen: en el blitz por ser el defensor del título (junto con Nepomniachtchi), y en el rápido por el escándalo de los pantalones vaqueros que sucedió el año pasado.
El noruego no solo ha dejado claro a la FIDE quién es el que mueve el dinero en el ajedrez de élite (basta comparar los premios de los Grand Slam de freestyle chess o ajedrez 960 con los de los eventos de la federación), sino también hasta qué punto es necesario para la propia institución. En una época donde los números se miden en visitas, un torneo sin el número 1 no son buenas noticias para los patrocinadores.

Es por eso que durante ambos torneos pudimos verlo sentado siempre en la mesa número 1, independientemente de su puntuación. De hecho, además de la retransmisión oficial, la FIDE tenía los primeros 10 tableros siempre en directo, siendo el 1 el tablero “Magnus Carlsen”. La pela es la pela.
Mundial de Ajedrez Rápido 2025 – Qatar (26-28 diciembre)
El formato era sencillo: suizo a 13 rondas; 5 rondas el primer día y 4 los dos siguientes. Personalmente no soy muy fan de que un título se decida en un suizo sin eliminaciones y haya medallas que se entreguen por decisión del desempate, siempre ciertamente aleatorio.
La primera ronda empezó con Carlsen llegando tarde, como es habitual. Algo que no sería muy relevante… si no fuera porque todo el evento estaba esperando el saque de honor que se hacía en su tablero. ¿Otro mensaje para la FIDE?

En las rondas 3 y 4 pudimos ver en la mesa uno a dos compatriotas. Primero a Eduardo Iturrizaga jugando una defensa Bogoindia con las piezas negras, una variante en la que después de Ab4+, en vez de cambiar Axc3, jugó Ae7. Una decisión ciertamente dudosa la de regalarle tiempo y espacio a un jugador como Magnus. El varias veces campeón de España acabaría concediendo en un final de dama contra torre después de una partida en la que estuvo por detrás desde el medio juego.
En la siguiente ronda sería David “El niño” Antón el que se enfrentaría al noruego con las piezas blancas. Planteó la partida con una estructura de Cf3, b3, Ab2 y d5, para intentar tener el control del centro. Pero las negras no tardaron en crear cierto caos con un temprano b5, intercambiando los peones centrales blancos y consiguiendo dos peones negros que desde c5 y d4 se veían imparables. Pese a que su planteamiento fue más dinámico y activo que el de Iturrizaga, fue precisamente cuando el peón negro llegó a d2 cuando al niño Antón no le quedó más que extender la mano.
En la ronda 7, Artemiev (que iba líder totalmente imparable y a la postre se quedaría segundo) puso los frenos al noruego después de varias malas decisiones por parte de ambos jugadores. El ruso, con clara ventaja en el tablero, decidió tirarla a cambio de un movimiento que le aseguraba tablas por jaque continuo. Carlsen, tras 4 minutos intentando no entrar en esa línea, se dejó una clavada que acabaría costándole la partida. A veces es peor el remedio que la enfermedad, y jugar a ganar cuando estás peor acaba pasando factura.
Tras esta ronda y superado el ecuador del torneo, el ruso se ponía 1,5 puntos por delante. Y aunque no firmó ni una sola partida bajo el 0 en todo el torneo, las 6 últimas las entabló todas, finalizando con 9,5 puntos en segundo puesto, los mismos puntos que firmaron Arjun Erigaisi, Leinier Domínguez y Hans Niemann. Fue contra este último contra el que Carlsen nos regaló un final pedagógico que tantas veces enseñamos cada año: el puente de Lucena. Y tras hacer un pleno en las rondas 8-12, Anish Guiri le ofreció unas tablas tempranas en la ronda 13 que el noruego aceptó rápidamente, cerrando el torneo con 10,5/13 y proclamándose campeón del mundo por decimonovena vez. Vladislav Artemiev consiguió la plata cerrando un torneo espectacular, y Arjun Erigaisi completó el podio.
Mención especial merece el joven Yagiz Kaan Erdogmus, el turco descrito por el propio Carlsen como “el mejor jugador de 14 años de la historia”, que cerró el mundial con 8,5/13 en el puesto 14, con victorias sobre grandes jugadores como Jorden van Foreest, Nihail Sarin y el mencionado Arjun Erigaisi, y que se midió de tú a tú contra el campeón entrando en su juego con una Ruy López. Seguro que seguiremos viéndolo en las mesas de arriba en los próximos torneos.
Mundial de Ajedrez Blitz 2025 – Qatar (29-30 diciembre)
Finalizado el mundial de rápidas sin ningún incidente y sin un solo día de descanso, era hora del que para mi gusto es el formato más divertido del ajedrez de competición actual. En blitz la toma de decisiones es mucho más rápida y basada en intuición, lo que hace que el rango de aperturas jugadas sea mucho mayor y más divertido para el espectador. Por ejemplo, pudimos ver cómo Bortnyk retaba a Carlsen en la ronda 6 con 1-a3, a lo que el noruego respondería poco después con a5-a4, situaciones que difícilmente veríamos en otro ritmo de juego. Por cierto, la partida acabó en tablas.
El formato de este torneo me parece más justo para un mundial: 19 rondas de suizo, tras las que el top 4 jugaría por la semifinal y final. Esta vez, para evitar desempates infinitos y premios divididos, sí que había Armageddon. Personalmente me habría gustado más que el corte fuera para el top 8, pero algo es algo.

En esta ocasión, dada la cantidad de rondas (19 contra las 13 del año anterior), pudimos ver prácticamente cualquier combinación de jugadores de élite enfrentarse entre sí. En el canal de YouTube de la FIDE podéis encontrar todas las partidas de cada uno de los primeros tableros (ver aquí).
Tampoco estuvo exento de polémica, aunque creo que en las redes siempre se trata de manera injusta y poco transparente porque, como hemos dicho antes, lo que importa son los números. Pero antes de entrar en las polémicas quería mencionar el final de la partida entre Abdusattorov y van Foreest en la ronda 7 (ver aquí).
A veces me cuesta comprender las pésimas decisiones que toman estos grandes ajedrecistas precisamente en situaciones donde no hay opción para el cálculo profundo y preciso. En esta ocasión, el neerlandés con las piezas negras y después de haberse dejado un peón, decidió sacrificar su alfil para cerrar la posición, colocar su rey por detrás de los peones enemigos y entablar la partida. Pero no calculó que el uzbeko podía hacer lo mismo y dejar su caballo desprotegido para acabar llegando un tiempo antes y coronar. Es un final con una bonita idea detrás, pero en este caso me cuesta entender la decisión porque la posición antes del sacrificio se jugaba prácticamente sola.
En cuanto a la polémica, esta vez me pareció bastante divertida, ya que se debió a que las piezas volaban en los tableros, especialmente en el primero. Pese a ser el formato favorito de Carlsen, este no estuvo muy fino con el manejo del tiempo esta vez. En la partida contra Arjun Erigaisi en la ronda 9, con solo unos segundos en el reloj, Carlsen capturó una pieza y en el movimiento la suya salió volando hacia Grischuk que pasaba en ese momento por detrás, generando una situación bastante cómica y haciéndole perder por tiempo.
6 rondas después, contra Martirosyan, le pasaba lo mismo pero a lo grande: al mover rápido con solo 4 segundos en el reloj, en esta ocasión tiraba casi todas las piezas del tablero, destrozando la posición. Para no volver a perder por tiempo, el noruego intentó usar las reglas a su favor, dándole al reloj con la posición sin poner. El armenio llamó al árbitro y empezó la tensión. Según las reglas de la FIDE, en esta ocasión lo habitual es un incremento de tiempo para el rival, pero hay excepciones, y el árbitro puede aplicar un ruling diferente si así lo cree necesario. En este caso, el árbitro dio la partida por perdida a Carlsen bajo la premisa de que no habría tenido tiempo de colocar todas las piezas antes de agotar el tiempo reglamentario; algo que el propio árbitro reconoció ser subjetivo y dio la opción de apelar al noruego. Este decidió no apelar y se marchó a falta de 5 rondas con la necesidad de tener que puntuar 4,5/5 para poder pasar el corte.
Personalmente creo que el árbitro tomó la decisión correcta, pero os recomiendo que lo veáis porque tira tantas piezas que yo no pude evitar reírme a carcajadas. Incluso Wesley So bromeó sobre lo ocurrido (ver aquí).
Pese a todo, el de Tønsberg volvió a demostrar por qué es el número 1, consiguiendo esos 4,5/5, completando el suizo en tercer puesto y enfrentándose a Caruana en la semifinal, el único jugador contra el que había perdido sin tirar las piezas del tablero. Tras dos tablas, Caruana fue castigado por jugar el mojón de e4-d3 en una partida en la que el puente de Lucena volvió a ser protagonista. En la cuarta y última partida, el noruego tiró el caballo contra el peón de f7 en un ataque táctico no tan evidente a primera vista, y que acabaría dejándole con pieza y peón de más, cerrando la semifinal con un 3-1 a favor.
En la otra mesa, Abdusattorov solo necesitó 3 partidas para imponerse a Arjun Erigaisi, que pese a no avanzar a la final cierra un año donde ha demostrado ser uno de los jugadores más en forma del circuito.
En la final, el uzbeko empezó dominando, aprovechando unas imprecisiones de Carlsen que jugó a ganar en un final con desventaja, lo que le acabó costando la partida.
Tras el medio juego, la segunda partida llegó a una posición en la que el módulo daba 0.0; Peter Leko no entendía que siguieran jugando, pero hay que recordar que en el ajedrez una posición es tablas hasta que uno de los dos falla, y Abdusattorov lo hizo en el movimiento 43 con un Re2 que cambió la opinión del módulo de 0.0 a -6, una ventaja que el noruego no dejó escapar. Un bonito final de caballo y peón para ver en clase.
La tercera partida dejó un final con poco por lo que luchar después de intercambiar casi todas las piezas. Con las negras, el uzbeko encontró un bonito sacrificio de torre que cerraba la partida con un jaque continuo. Tras 20 segundos, las blancas aceptaron el sacrificio y firmaron el medio punto, seguramente recordando lo que había pasado solo dos días antes contra Artemiev. Recuerdos de Vietnam.
En la cuarta y última partida, ambos jugadores contaban punto y medio, y Abdusattorov, con las piezas blancas, decidió apostar por la apertura española, seguramente la mayor especialidad de su rival. Tras fusilar por completo todo el flanco de dama, parecía que las blancas podían poner en apuros al campeón de 2024. Pero el Efecto Carlsen hizo que las negras acabaran sacando un peón de ventaja, llegando a un final similar al de la segunda partida: el módulo daba tablas hasta que las blancas cambiaron la diagonal del alfil y permitieron un sacrificio de peón seguido de un sacrificio de alfil que detonaba por completo la estructura blanca y hacía posible la coronación de los peones negros.
Pero no solo eso. Como he dicho antes, creo que en las redes las polémicas no se tratan de manera transparente, y el sensacionalismo se aprovecha de las visitas que ciertas personas generan. Si bien Magnus Carlsen fue el foco de todo el evento, especialmente en esas dos partidas donde tiró las piezas, esto es algo que pudo verse en muchas mesas a lo largo de los 5 días de torneo. Por eso es más irónico todavía ver cómo en la última partida de este mundial, Abdusattorov con solo 5 segundos presiona el reloj en una posición ilegal, que el noruego decide no reclamar, colocar las piezas en su tiempo y finalmente acabar ganando su vigésimo título mundial.
Nos hemos acostumbrado a que la élite del ajedrez pelee siempre por el segundo puesto, pero bajo mi punto de vista la dominación de Carlsen en todos los formatos, en una época en la que se juegan más torneos y modalidades que nunca, es una historia sin precedentes.
Si algo se ha echado en falta en este torneo, ha sido sin duda la participación de Hikaru Nakamura, que podría haber cambiado y mucho el curso de ambos torneos. El estadounidense, que acaba de ser padre, ha estado cubriendo el evento en sus canales de Twitch y Kick, e imagino que estará centrado en preparar el torneo de candidatos, quizás su última oportunidad para coronarse campeón del mundo de ajedrez clásico. Lo veremos en abril.
Texto: Amaiur González.
