Torneo de Año Nuevo en el Club y disfrute generalizado

Comienza un nuevo año y un club de ajedrez no puede hacer otra cosa que… ¿jugar al ajedrez? Pues sí y no al mismo tiempo. Aprovechamos la ocasión de disponer de algo de tiempo en estas fechas tan señaladas para montar un sencillo torneo amistoso entre mayores y pequeños, todos juntos y bien revueltos, y a la par montar un pequeño piscolabis.

Camilo… sorprendido con el trofeo «reciclado»

En lo que respecta al torneo, organizamos un suizo de seis rondas con partidas de 10′, esto es, un ritmo intermedio que no desagradara a los más balas y que a la vez pudiera servir para que los más pequeños mantengan la velocidad de juego cercana al tiempo que se viene usando en los torneos escolares. La participación llegó a los 19 jugadores y jugadoras, pero con un buen número de aficionados y amigos viendo y disfrutando de las partidas y de la buena compañía.

Daniel, el más grande del club, con su premio.

Los premiados en el torneo, que se llevaron a casa trofeos y medallas recicladas (lo que resultó toda una sorpresa), fueron Camilo Lotero como campeón, Odei Lerendegui en el segundo puesto y Jon Goñi en el tercero. Los premios especiales fueron para Jon Merino (mejor sub14), Leyre Jimeno (mejor sub12), Aitor Molina (mejor sub10) y Julen Merino (mejor sub8). El premio especial al mejor prejubilado se lo llevó Daniel Aguinaga.

Durante las seis rondas se vieron muy buenas partidas en las que los mayores ejercieron de monitores para los más pequeños y todos ellos pudieron aprender de cada posición, de cada situación y apertura. De cada momento hay que obtener un aprendizaje para seguir mejorando y creciendo.

 

Al finalizar la actividad muchos de los jugadores se quedaron aún jugando rápidas, bajando el tiempo de los relojes a los 5 o 3 minutos. Y otros muchos nos fuimos al Bar Ibaialde, junto a la sede del club y que es uno de nuestros patrocinadores, a disfrutar de un picoteo a cargo del club: tortilla de patata, jamón, rabas, queso curado y txistorra acompañado de cerveza y unas botellas de Inurrieta 400. ¿Qué más se puede pedir? Disfrutarlo en buena compañía… Y así fue. Una gran jornada de exaltación del mikelgureismo.

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